Ella es jazz

Hoy, martes 25 de abril de 2017 se cumplen cien años del nacimiento de Ella Fitzgerald. Es un año de muchos centenarios: ese mismo año se editó el primer disco de jazz, de la Original Dixieland Jazz Band. No se puede entender el swing, el jazz y la música norteamericana sin Ella. Según la biografía conocida, que se puede leer en la wikipedia y otros, nació el 25 de abril de 2017 en Newport News, creció en la pobreza de la Depresión y se trasladó a Harlem en Nueva York a los quince años cuando perdió a su madre, en 1932.

Poco después la descubrió Chick Webb, que lideraba la orquesta del Savoy Ballroom, cuando ganó un concurso de talentos amateur cantando en el famoso Teatro Apolo. Chick la llevó al Savoy y la convirtió en la cantante de su banda con solo 17 años, lo demás es historia. Su colaboración fue fructífera: el swing nació en Harlem, en el Savoy concretamente, de la mano de Ella y Chick, conocido también como el “Rey del Swing”.  Nos han dejado grandes temas bailables de esta época, pero su verdadero estrellato comenzó con el éxito A Tisket, A Tasket en 1938. Cuando Chick murió prematuramente en 1939 por sus problemas de salud,  Ella pasó a liderar la orquesta de Chick Webb durante algunos años más.

Lo que quizá no sea tan conocido es que Ella Fitzgerald también bailaba Lindy, y que antes que cantante había querido ser bailarina. Demuestra la afinidad que existía entre los músicos y bailarines, que se inspiraban mutuamente.  Llegó a decir más tarde: “Nunca me consideré una cantante. Lo que yo en verdad quería era bailar” (Tales of the Swing Age). Noche tras noche, Ella cantaba en el Savoy, y lo jóvenes lindy hoppers, Frankie Manning y Norma Miller entre otros, acudían a bailar. La sintonía entre músicos y bailarines era absoluta. En sus primeros años fueron incluso compañeros de gira.

Ella no solo creó el swing, siguió evolucionando como cantante de jazz a lo largo de su carrera que abarca todas las épocas y músicos de jazz del siglo XX, del swing al bop y el cancionero de Cole Porter. Es por ejemplo una de las grandes cantantes de “scat” junto con Louis Armstrong: la voz como instrumento musical de jazz, la voz como emoción y libertad, todo en uno, sin palabras. Incluso en los temas más melancólicos escuchar a Ella nunca produce desesperanza, siempre se vislumbra el optimismo de su vitalidad. Siempre, siempre, tiene swing.

Y por poder seguir disfrutando y bailando sus temas, gracias Ella.

Me disculpo por la brevedad porque van a dar las doce y no quería dejar pasar esta fecha. Lo mejor es escucharla: afrontemos la música y bailemos.

Undecided, Ella and the Chick Webb Orchestra

Blue Skies, Ella Fitzgerald

100 Songs for a Centennial, Spotify 

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Ella Fitzgerald Foundation

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Cassino da Urca, Rio a ritmo de swing

English

Puede que no hayas reparado en esta joya escondida de Rio de Janeiro durante la locura olímpica. Cassino da Urca era el casino más espectacular de Rio, su origen se remonta a los años 30 y era el paradigma de la era dorada del glamur de Rio con sus lujosos casinos y grandes artistas nacionales e internacionales. Carmen Miranda era la atracción estrella del casino antes de trasladarse a Hollywood. Algunas de las estrellas que frecuentaron el Cassino da Urca incluyen a Josephine Baker, Bing Crosby, Walt Disney y Orson Welles. Este local estaba en pleno swing en los años 30 y 40, e incluso podías ver el mejor Lindy Hop de Harlem con los Whitey’s Lindy Hoppers que actuaron allí durante su gira de 1941-1942; de hecho, debido a la  II Guerra Mundial se vieron obligados a retrasar su vuelta y quedarse en Brasil varios meses por miedo a que su barco fuera atacado al agravarse el conflicto internacional. Aún se puede ver el edificio del casino, recientemente restaurado, situado sobre una tranquila playa en el barrio de Urca, al otro lado de la bahía de Rio, pero no da idea del lujo del casino en su época de esplendor.

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Cassino da Urca

Norma Miller era una de las bailarinas del grupo de Whitey’s Lindy Hoppers que fueron a Rio y describe su llegada en sus memorias  Swingin’ at the Savoy:

El conductor nos llevó bordeando la Playa de Copacabana por la carretera que va serpenteando hasta el Casino de Urca; un bellísimo edificio sobre la playa, con una marquesina que llegaba hasta la calle. Era justo como nos lo habíamos imaginado, como un escenario de película fabuloso. No había nada en América que se pudiera comparar con este casino. Estaba a pie de playa, mirando a la bahía, y desde el patio podías contemplar una vista espectacular de la bahía y de la estatua de Cristo.  Rio ocupó un lugar especial en mi corazón enseguida. (p 173).

Carmen Miranda

Probablemente sea la estrella más icónica de Brasil, y actuaba todas las semanas en Cassino da Urca hasta 1940, cuando se trasladó a Hollywood.

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Carmen Miranda

Carmen Miranda cantando O Tic-Tac do Meu Coraçao (1942).

El Casino

Joaquim Rolla fue el empresario que convirtió el Cassino da Urca en el mejor casino de Sudamérica y más allá. Jugando a las cartas en 1933 se hizo propietario de parte del casino.  Después de hacerse con toda la propiedad lo transformó en algo mucho más ambicioso y reabrió sus puertas en 1936 tras las renovaciones.

El casino tenía tres orquestas, un gran conjunto de coristas al estilo de las “Rockettes” y más de cien cantantes de orquesta (cada cantante hacía un solo número con la banda). En palabras de Norma Miller: «Era algo parecido a Las Vegas hoy en día». La orquesta de Carlos Machado era la principal orquesta en Rio en la época en la que estuvieron los Whitey’s Lindy Hoppers y Grande Otello era el actor y cantante estrella local. Había un teatro, varias salas de juego y restaurantes, además de un servicio en barco para acercar a los clientes a otros casinos.

Todo el Cassino era bello y de un lujo increíble. El escenario era móvil, y al terminar una banda de tocar desaparecía bajo el suelo a la vez que la siguiente banda comenzaba a sonar (se puede ver este mecanismo en acción en el vídeo del Istituto Europeo di Design incluido al final del post).

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Un espectáculo en Cassino da Urca
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El famoso grill bar del Cassino
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La entrada del Cassino

Este clip recrea  la última actuación de Carmen Miranda en el Cassino da Urca.

La estancia de Walt Disney también inspiró este corto de  Donald Duck .

Whitey’s Lindy Hoppers

Los Whitey’s Lindy Hoppers viajaron a Rio de Janeiro en diciembre 1941. El conjunto incluía a tres parejas: Frankie Manning y Ann Jonson, Al Minns y Willamae Ricker, Billy Ricker y Norma Miller. Los Lindy Hoppers adoraban la samba y fueron un exitazo la noche del estreno según Norma:

«Amábamos Brasil, y Brasil nos amaba a nosotros. Cuando saltamos al escenario con la banda supe que estaba ocurriendo algo especial. Fue maravilloso, era ese ritmo de samba…El público chillaba, y la banda estaba swingueando a lo loco. Cuando terminamos el público se volvió loco, todo lo demás se paró. Salimos a saludar una y otra vez, y finalmente, dejaron que nos marcháramos. Fuimos un bombazo en Río.  Habíamos encontrado nuestro segundo hogar». (p 175).

Los Whitey’s Lindy Hoppers tenían un contrato de 6 semanas, pero después del bombardeo de Pearl Harbor se volvió demasiado peligroso volver en barco, y 6 semanas se convirtieron en 10 meses, durante los cuales actuaron en todos los principales casinos de Brasil. Hacían un primer espectáculo en el Cassino da Urca y después cogían una lancha motora para cruzar la bahía y actuar en el Cassino Icarai.

Puedes leer más sobre las aventuras de Norma Miller en Brasil, donde aprendió a bailar samba y participó en el desfile de Carnaval, de sus conversaciones con Orson Welles y su escape de una turba furiosa en  Swingin’ at the Savoy.

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Norma Miller sobre la samba y el swing:

Los brasileños tienen un swing propio, pero tiene las mismas raíces africanas que el jazz americano. Los negros de Brasil le dieron un ritmo de samba, y los negros americanos le pusieron swing. Los lazos que nos unían estaban ahí, y lo percibimos inmediatamente. Todo Brasil era puro swing. (p 173).

Orson Welles

El Cassino da Urca fue también escenario de grabación de la película inacabada de Orson Welles  Ain’t it the Truth, que incluía una parte documentando el carnaval de Rio (filmado durante la estancia de los Whitey’s Lindy Hoppers). Por desgracia, el proyecto nunca se completó y no sobrevive mucho metraje. Welles era un gran aficionado al jazz y había estado trabajando en una película con Louis Armstrong documentando la historia del jazz antes de acceder a venir a Brasil cuando fue nombrado embajador de buena voluntad para América Latina como parte del esfuerzo de guerra. El capítulo sobre el carnaval también se llamó «La historia de la samba».

Orson Welles
Entertainer Orson Welles (CR) attending the Rio de Janerio Carnival celebration. (Photo by Hart Preston//Time Life Pictures/Getty Images)

El Cassino da Urca hoy en día

El juego se declaró ilegal en Brasil en 1946 y el edificio fue comprado por una cadena de televisión. Después de permanecer en ruinas desde los años 80, el casino ha sido recientemente restaurado gracias al Istituto Europeo di Design. Puedes  seguir los pasos de la historia del casino y su renovación en este video de IED.

Si tienes la suerte de visitar Rio, esta es su  localización.

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Más información

Este artículo está inspirado y basado en las Memorias de Norma Miller  Swingin’ at the Savoy: the Memoir of a Jazz Dancer (Temple University Press). Su libro está disponible en inglés en Amazon y actualmente estoy finalizando su traducción al español.

Otras fuentes:

http://www.cassinosdobrasil.com.br/cassinos-famosos/cassino-da-urca-rio-de-janeiro/

http://www.royalrio.net/site/cassino-da-urca-the-golden-years-of-rio-de-janeiro/

Istituto Europeo di Design, https://youtu.be/PyW_XWLsFPU 

Banda sonora:

Aquarela do Brasil (Ary Barroso) en cualquiera de sus versiones.

 

¿Se bailaba swing en España?

En otro post de este blog me preguntaba si se bailaría swing y Lindy Hop en Bueu (pequeña localidad de la provincia de Pontevedra) en los años 30 y 40…sin poder responder concretamente a esa pregunta, rebuscando un poquito, sí que he encontrado algo de información sobre la historia del baile swing en España. Dada la popularidad de estos bailes de raíces norteamericanas actualmente en muchos rincones de la península, es normal preguntarse si esto lo bailaban nuestros abuelos, los jóvenes de la «era del swing» en España.

La primera referencia que encontré al baile swing en la España de los años de posguerra fue en el libro de Carmen Martín Gaite, Los usos amorosos de la posguerra española donde habla de las niñas swing o chicas topolino (más sobre esto luego) y la reacción virulenta hacia el baile swing en algunos sectores:

«¿Es que nosotros hemos de hacer cabriolas como cualquier payaso cervecero de los de “por allá”?…De cada cien piezas que toca el combinado orquestal, lo menos ochenta y cinco son bugui-bugui, “swing” y cosas de esas llegadas del dinámico país de Lie Sherindan…No es de buen gusto imitar a los salvajes del centro de África o a los hombres de color que hacen alarde de las libertades que disfrutan al pie de los rascacielos neoyorquinos.» (La Hora, 1 marzo 1947, citado por Gaite).

Esta referencia me intrigó y quise descubrir qué se bailaba exactamente por aquella época y si podría parecerse a lo que bailamos hoy en día. La mayor parte de la información de este post lo he encontrado en el libro de Jose María García Martínez  Del fox-trot al jazz flamenco: el jazz en España 1916-1966 (la primera gran retrospectiva del jazz en nuestro país), El trazo del jazz en España de Jorge García y ¡¡Bienvenido Mr. USA!! de Ignacio Faulín Hidalgo (incluyo la bibliografía al final). Hay escasez de materiales sobre el Lindy Hop específicamente, pero por el camino he descubierto algunos tesoros como la fiebre swing de las fiestas de Gracia, bailarines como Harry Flemming, charlestones de dudoso gusto,  los peligros del swing según el franquismo, temas de swing español y los famosos Gitanos del Swing, entre otros, por lo que pido disculpas por los rodeos en contestar a la pregunta del título.

Swing en Barcelona

El jazz entró con fuerza en España en los años 20 y 30, acompañado de una serie de modas de baile norteamericano como el cake-walk, el fox-trot, el black bottom y el charlestón, que tuvo gran popularidad, como detalla Faulín en su recorrido por esta historia de música y baile popular en ¡¡Bienvenido Mr. USA!! . Barcelona fue, entonces como ahora, el principal punto de entrada de la música jazz y el swing en España (otros puntos neurálgicos en los años 20, 30 y 40 fueron Madrid y San Sebastián). Hoy en día Barcelona es una de las capitales del swing europeo que cuenta con más Lindy Hoppers y escuelas de bailes swing, con epicentro geográfico en el barrio de Gràcia donde hay tres o cuatro escuelas y mucho baile en la calle.

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Carnaval en Barcelona (La Rúa), c 1930

Que Barcelona fue un hervidero de jazz en los años de preguerra da cuenta la larga lista de orquestas de swing y jazz que enumera  García Martínez en su libro Del fox-trot al jazz flamenco: el jazz en España 1916-1966. Según el autor, a esto contribuía la pujante burguesía, su situación bien conectada por mar y tierra con las vanguardias europeas, y el ser frecuentada por músicos y orquestas: «Barcelona, en fin, fue epicentro del seísmo hot que asoló la Península en los años treinta». Así, el swing pasó a formar parte del sedimento cultural barcelonés, hasta hoy en día.

Esta crónica de las fiestas mayores de Gràcia, de la revista Ritmo y Melodía de 1944, que bien pudiera referirse a fiestas más recientes que tienen lugar en este barrio, nos da una idea del ambiente swing de entonces, incluyendo algún tema favorito de Lindy Hoppers como Sweet Georgia Brown:

«ríos de gente se apretujan. Todos bailan. Los que deseaban, de primera intención, bailar, y los que deseaban sólo pasar pero han de bailar a la fuerza a causa de los empujones…Bonet y sus músicos, con la formidable interpretación de Sweet Georgia Brown dieron, quizás, la nota más alta de calidad musical de todos los festejos. El saxo tenor y el violín en las respectivas manos de Bonet y de Jaime Vila hicieron vibrar arrebatadamente la plaza entera, en un hermoso clamor.
Los conjuntos callejeros se han defendido como leones. Se llevó la palma por su vigor, su alma y su buen repertorio, la dominguera Savoy…Todo Gràcia, en estas noches inacabables, bulle y arde de una extraña sed, que no sería bastante ¡para apagar los innumerables barriles de cerveza de los innumerables bares gracienses…! Orquestas, churros, vocalistas, calor, grito, puntos de swing negro, planetas del destino, gritos de vendedores ambulantes, serpientes humanas de seis o siete jóvenes animados, farolillos rojos en medio de la oscuridad…:¡tutti frutti!». (citado en García Martínez)

Bailes y música

Desde el principio el baile y la música jazz crecieron de la mano, aunque salvo excepciones, se suele prestar menos atención a la historia del baile. Músicos, orquestas, las revistas musicales, los discos, la radio y el cine, todos jugaron un papel importante en esta moda del jazz, el swing, lo hot y lo negro, pero el baile fue clave en su popularidad. Según Faulín y García Martínez en los años 30 el swing de Ellington, Louis Armstrong, Jelly Roll Morton o Paul Whiteman se escuchaba en discos editados por La Voz de su Amo y en el nuevo medio de la radio. Las películas musicales americanas también contribuyeron a popularizar el claqué y otras danzas de jazz (entre ellos Fred Astaire, Shirley Temple, Bill Robinson y los Hermanos Marx estaban en cartelera en los años 30 y 40).

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imagen de la exposición El Ruido Alegre (1926)

Josephine Baker, que se convirtió en todo un icono de los años 20 en París, extendió la fiebre por su charlestón salvaje con su gira por España 1930, y hubo muchas bailarinas imitadoras. Tenemos la suerte de tener alguna grabación de Josephine Baker bailando su charlestón de energía inigualable:

Josephine Baker (La Revue 1927)

El bailarín y productor Harry Fleming, con su espectáculo Blue Birds y su cuerpo de baile Los boys del Savoy también fue particularmente influyente en España.  Julián Ruesga Bueno ha indagado un poco más en la historia de Harry Fleming e incluye una crónica del ABC de Sevilla del 20 de octubre de 1929 de su paso por la Expo Iberoamericana del 29:

«Anoche se presentó en Sevilla la agrupación de artistas negros que dirige el famoso bailarín Harry Flemming. La boga del arte negroide ha destacado a artistas muy notables, como el que anoche vimos en el Cervantes y como Luís Douglas, conocidos y aplaudidos en todos los teatros de Europa. Flemming es un bailarín extraordinario. Su agilidad y su sentido del ritmo y de la danza le han valido una gran reputación. Con él viene una compañía de revistas, compuesta de negros y blancos. De ella forman parte Little Esther, la pequeña negrita que se hizo popular en el cinematógrafo; Florence Miller, Elena Cooke y Ellington, los bailarines Quitty Morán y Sleet, el célebre cómico Bob Wolly y otros muchos artistas del baile y la canción. Representaron la revista ‘Hello-Jazz’, en la cual se ofrece una visión humorística y coreográfica de los barrios neoyorquinos y se reflejan costumbres pintorescas de Nueva York.»

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Harry Fleming band

Tenemos que hablar de Sam Wooding, uno de los nombres más importantes en la introducción del jazz y el swing auténticos en España, un músico de origen americano que tocó con su orquesta los Chocolate Kiddies en varias giras por Europa y España en 1926 y 1929 (en Madrid, Barcelona y San Sebastián entre otros sitios) a los que podemos escuchar en plena forma aquí:

Sam Wooding & His Chocolate Kiddies (Barcelona, 1929)

 

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Sam Wooding & his Chocolate Kiddies

Lo negro estaba de moda, lo cual no quiere decir que este «negrismo» no estuviera tintado de ciertos estereotipos y racismo, como podemos ver en este charlestón Madre cómprame un negro de 1929:

Madre cómprame un negro (La Goyita, 1929)

¿Y fuera de Barcelona también había swing?

En resumen sí, también fuera de las grandes urbes llegaba la influencia del jazz. Hay que apuntar, como nos indica Faulín Hidalgo, que en los primeros años se conocía como jazzband o jazz band a cualquier conjunto que incorporara percusión, que era una gran novedad, por lo que hay ser cautos cuando vemos las carteleras y el gran número de orquestas que se definen con el término jazz o jazzband. Estos conjuntos solían tocar una combinación de bailables, fox-trots, pasodobles, rumbas y temas románticos, que muchas veces tenían poco que ver con el jazz. El jazz, en sentido amplio, convivía en todo momento con otros estilos de gran popularidad como la copla, la zarzuela o la revista.

El jazz sonaba en Madrid, Valencia, San Sebastián, Sevilla y muchos más sitios. Por poner un ejemplo cercano, en su artículo Y Compostela se dejó seducir por el jazz Alberto Cancela Monte nos descubre la influencia de esta música en Santiago de Compostela y los principales locales donde sonaba. Nos cuenta que en los años 30: «También las fiestas del Apóstol cuentan con orquestas como la Orquesta Melody Jazz que destaca “en el trepidante sonar del jazz, el hot, el swing y todas esas degeneraciones de la música que el desviado gusto de la juventud moderna exige para bailes y reuniones.”».

En 1936 antes del comienzo de la guerra civil se vivía un auténtico apogeo del jazz en la península, con conciertos de grandes figuras como Django Rheinhardt o Benny Carter.

La Era del Swing y la guerra

La Era del Swing americana se suele fechar entre 1935 y 1945, al acabar la II Guerra Mundial, aproximadamente; aunque no se pueda considerar que existiera un fenómeno equivalente en España algunos autores sitúan la era del swing española de forma algo más tardía a lo largo de los años 40.

Naturalmente la guerra civil española (1936-1939) afectó el desarrollo del incipiente swing aquí. Existe la idea generalizada de que la guerra puso fin al swing en España, sin embargo, en su libro ¡¡Bienvenido Mr. USA!! Faulín Hidalgo nos muestra evidencia de que en realidad no fue así, y que durante la guerra los habitantes de las ciudades seguían buscando la evasión a través de la música y el baile. Se frenó eso sí la producción de discos, pero las orquestas seguían tocando en Barcelona y Madrid, y el swing estaba presente en la radio y en el cine, ya que al fin y al cabo el swing estaba de moda a nivel mundial.

Swing en la posguerra: de la prohibición a las niñas swing

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El swing y el jazz no encajaban bien con la ideología franquista y de Falange de posguerra, así como tampoco encajaba bien en la Alemania de la época, por su esencia libertaria que prima la improvisación, la expresión individual y creativa. Aparte del hecho de ser una música de origen afroamericano, el swing se rechazaba por ser norteamericano, un país que parece que causaba antipatía y fascinación a partes iguales en la nueva España de Franco. Carmen Martín Gaite en Usos amorosos de la posguerra española retrata magistralmente el ambiente y la ideología oficial de aquella época— con su rechazo por todo lo foráneo, moderno, burgués, y por supuesto americano —y la exaltación de lo propio, la austeridad, los roles tradicionales y la patria. En una cita de la época:

«Que no haya sobre la bendita tierra de España otras costumbres que no sean las nuestras. Y si esto es un feroz nacionalismo, pues mejor. Y si esto es un absurdo retrógrado, mucho mejor. No queremos el progreso, el romántico y liberal, capitalista y burgués, judío, protestante ateo y masón progreso yanqui. Preferimos el atraso de España, nuestro atraso.». (Usos amorosos de la posguerra española)

Este aislamiento y mirar hacia dentro toma forma en la prohibición, a partir de 1940 «del uso innovador y deformante de vocablos extranjeros en marcas, rótulos y escritos» , prohibición que incluye al «swing» ( Martín Gaite). La Delegación Nacional de Prensa, por ejemplo:

«cuidará que en ninguna de sus informaciones y críticas los periódicos empleen los vocablos ballet y swing, sustituyendo el primero por bailes o bailables y el segundo por otro equivalente en castellano» (¡¡Bienvenido Mr USA!! p314).

En términos más explícitos se rechaza la música y la danza jazz en esta circular de la Delegación de Prensa de 1943:

«Por esto se ve con fundada preocupación el desarrollo que puede alcanzar la llamada música negra… Lo que queremos desterrar es la ola de jazz arbitraria, antimusical y pudiéramos decir que inhumana con que América del Norte hace años que ha invadido Europa. Nada más alejado de nuestras viriles características raciales que esas melodías muertas, dulzonas, decadentes y monótonas…nada más lejos de nuestra dignidad espiritual que esas danzas dislocadas, desconcertadas en las que la nobleza humana de la actitud, la seleccionada corrección del gesto, desciende a un rídiculo y grotesco contorsionismo.» (¡¡Bienvenido Mr. USA!! p315).

Pero como defiende Faulín Hidalgo con vehemencia, esta línea oficial parece tener nulo efecto en las publicaciones, grabaciones y programas radiofónicos de la época que están repletas de swing, hot y jazz, y por supuesto, baile. Hay una gran diferencia entre la línea oficial y lo que realmente se escuchaba y estaba de moda. En las consignas de la época había poco de atractivo para los jóvenes, en palabras de Gaite, «Con música de himno quedaba bonito, pero ¿quién podía identificarse con aquello a la hora de la merienda?». El swing era lo que sonaba mundialmente y se colaba incluso en películas archifranquistas como Raza de 1941 (según Iván Iglesias); no hay más que ver la crónica de las fiestas de Gràcia del ’44 que citamos al principio para ver la popularidad del swing en aquel momento.

En algo tenían razón estas circulares, que la influencia cultural americana se extendía gracias a la música y el cine. Corría en la España de la época una corriente contraria a la línea imperante: estaban las chicas «topolino», o «niñas swing», y el equivalente masculino de los «pollos swing». Los zapatos topolino (en referencia a un tipo de calzado de plataforma de inspiración hollywoodiense), desentonaban con las normas de la época y eran característicos del fenómeno de chicas jóvenes, de la nueva burguesía,  que imitaban el estilo americano. A estas chicas también se les llamaba «niñas swing» aludiendo a la nueva danza que entró en los años cuarenta. En una época en que las opciones para las mujeres eran muy reducidas, estos aires de modernidad eran una rebelión. En palabras de Gaite «Aquellas chicas de cabeza de chorlito “desentonaban” en una sociedad que exhortaba a las mujeres a mantenerse en un segundo plano, a no hacer avances, a no llamar la atención por nada». La música, el baile y el cine americano ofrecían modelos de libertad mucho más atractivos para las niñas swing y los pollos swing (y precisamente por eso causaban tanto recelo en la sociedad de la época).

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Publicidad de zapatos estilo topolino de la época

Una de las cantantes populares entre los jóvenes de posguerra era Rina Celi, a la que podemos escuchar con el Quinteto Nocturnos en una grabación de 1942 de Un día de esos (Some of these days) tocando un poco de swing en versión española. Rina Celi, artista barcelonesa ha sido descrita como “la cantante hot por antonomasia”. El recopilatorio Històries del Jazz a Catalunya Vol 2 incluye muchos más temas swing de orquestas como la de Luis Rovira y otros de la época, y Faulín Hidalgo incluye una discografía de 51 temas de los años 40 en su libro, muy recomendable.

Rina Celi y Quinteto Nocturnos, 1942

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Pero, ¿se bailaba Lindy Hop?

Las niñas swing y los pollos swing escuchaban música de influencia americana, pero es difícil saber si lo que bailaban era algo parecido al Lindy Hop que conocemos hoy en día: ¿hacían swing-outs, tandem charleston y shorty george por ejemplo? ¿o bailaban balboa y shag? Hay poca evidencia visual de lo que se bailaba realmente en los años cuarenta en España y no conozco películas o material filmado como puede haber del Lindy Hop americano. Sí que está bastante documentado que se bailaba charlestón y el fox-trot, pero parece que el término Lindy Hop y jitterbug (nombre con el que se popularizó el lindy hop entre los jóvenes blancos americanos) no eran muy utilizados, aunque en este campo queda mucho por investigar. Incluyo algunas de las pocas referencias e imágenes que he encontrado del Lindy Hop concretamente en la España de los años 40 (por ahora), donde destaca indiscutiblemente el Salón Amaya en Barcelona.

«La música fue inseparable de los diversos bailes que se engloban dentro de ese estilo, y puede decirse que músicos y bailarines fueron sus creadores por igual. En España el baile que principalmente se identificó con el swing fue el lindy hop o jitterbug, una danza afronorteamericana que había nacido en 1927 en el Savoy Ballroom del Harlem neoyorquino y que había influido considerablemente a las big bands en la sistematización del nuevo estilo de jazz [a continuación pasa a describir de manera detallada el paso básico de lindy hop]» (Iván Iglesias).

Además, nos cuentan Iglesias y Faulín Hidalgo que proliferaron las academias de baile que incorporaban los nuevos bailes entre sus bailes de salón habituales, y que también se popularizaron las exhibiciones de swing por parte de bailarines profesionales o semi-profesionales.

Los Whitey’s Lindy Hoppers en su gira europea del año 1936-1937 estuvieron en Reino Unido, París, Suíza e incluso Dublín, pero no visitaron España (que ya estaba inmersa en la guerra civil). En España en cambio, sí que se estrenó la película de los hermanos Marx Un día en las carreras en 1940, por lo que el público español sí que podía conocer los Whitey’s Lindy Hoppers, máximos representantes del Lindy Hop a nivel mundial, por su famoso número en esa película.

Si en algún lugar se bailaba swing y alguna forma de Lindy Hop, era en Barcelona. El Salón Amaya en el Parallel fue local emblemático donde se celebraban concursos de baile en pareja de swing y bugui-bugui (al estilo de los concursos del Savoy) y donde se bailaba “tan bien como en el propio Harlem” según alguna reseña de la época (Iglesias). Se inauguró en 1943 y tuvo su máximo esplendor entre 1945-46. Allí bailaban los Gitanos del Swing: «se trata de bailarines tanto gitanos como algún payo que acuden allí y hacen disfrutar con sus gimnásticas exhibiciones. Es el momento del boogie, del jitterbug, el lindy hop, basados en danzas negras que aparece en la era del swing con demostraciones atléticas de gran nivel», según Faulín Hidalgo.  Los Gitanos del Swing llegaron a anunciarse en Madrid en 1948. Sus apodos eran el Sardineta, Patillas, Batista, Tau, Melenas, Coqui y Polla, se vestían con la estética swing y fueron el germen de los bailarines acrobáticos Los Locos del Rock and Roll en los cincuenta. Tenemos esta imagen del Amaya donde parecen estar bailando lindy hop o jitterbug, en su anuncio de concurso de bailes modernos: “hot” y “swing”.

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Anuncio del Salón Amaya, 1945

El swing siguió siendo popular durante toda la década de los 40, y a partir de 1945 entra el bugui-bugui con fuerza, el último estilo de baile de la familia del swing, que se describe como un estilo de baile más salvaje y acrobático. En los 50 el jazz dejó de ser una música popular, bailable, para evolucionar en otras direcciones más minoritarias como el bebop y el hard bop; y los ritmos latinos cobraron más protagonismo en el baile social (hasta la llegada del rock ‘n roll y el twist). No será hasta principios del siglo XXI que este baile de ritmo infeccioso y actitud libre vuelva a bailarse en las pistas y calles de la península, una vez más, empezando por Barcelona (pero esa es otra historia).

Estoy segura de que quedan materiales por descubrir y espero que este post anime a rebuscar en áticos y archivos, memorias, recortes y películas…¿qué opináis? Quizá pronto podamos incluir alguna foto de nuestros abuelos bailando swing.

Saber más…

Bibliografía

Cancela Montes, Alberto, “…y  Compostela se dejó seducir por el jazz”, Novas Músicas: o jazz chega co século XX, descubrindoasnosasmusicas.blogspot.pt

Faulín Hidalgo, Ignacio, ¡¡Bienvenido Mr. USA!! La música norteamericana en España antes del rock and roll (1865-1955), Editorial Milenio, 2015.

García, Jorge, “El trazo del jazz en España“, El Ruido Alegre: Jazz en la BNE, Ministerio de Cultura, 2012 (pdf disponible online).

García Martínez, José María, Del fox-trot al jazz flamenco, Alianza Editorial, 1996.

Iglesias, Iván, “(Re)Construyendo la identidad musical española: el jazz y el discurso cultural del franquismo durante la segunda guerra mundial”, HAOL, Núm. 23 (Otoño, 2010), pp 119-13.

Martín Gaite, Carmen, Usos amorosos de la posguerra española, Anagrama, 1994.

Resga Bueno, Julián, “El primer jazz en Sevilla”(Harry Fleming),  Asociación Apolo y Baco, http://www.apoloybaco.com

Banda sonora

Madre cómprame un negro (La Goyita, 1929)

Sweet Georgia Brown (Coleman Hawkins, Benny Carter & Django Rheinhardt, Paris 1937)

Sam Wooding & His Chocolate Kiddies (Barcelona, 1929)

Rina Celi y Quinteto Nocturnos, 1942

Històries del Jazz a Catalunya Vol 2

 

La Llamada de Harlem

Juke Box Love Song (Langston Hughes)

Podría tomar la noche de Harlem
y arroparte con ella,
Tomar las luces de neón y hacer una corona,
Tomar los buses de la Avenida Lenox
Taxis, metros,
Y por tu canción de amor acallar su ruido.
Tomar el latido de Harlem,
Hacer un redoble de tambor,
Ponerlo en un disco, dejar que gire,
Y mientras lo escuchamos tocar,
Bailar contigo hasta el amanecer–
Bailar contigo, mi dulce morena de Harlem.

(Selected Poems of Langston Hughes, p227. Traducción de la autora).

Incluso Billie Holiday a los 13 años ya sabía que tenía que ir a Harlem. ¿Por qué quería ir todo el mundo a Harlem? Este barrio de Nueva York ejercía una poderosa atracción sobre los afroamericanos de todo tipo de origen en las primeras décadas del siglo XX. En los años 20 Harlem se convirtió en el hogar del movimiento del nuevo negro (New Negro Movement) en los EEUU, el primer movimiento por los derechos civiles encabezado por organizaciones como la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, según sus siglas en inglés) o la National Urban League; y en punto de encuentro para la cultura negra –en política, literatura, arte y música; un fenómeno que también se conoce como el Renacimiento de Harlem (oficialmente inaugurado en 1925). Originalmente un asentamiento holandés del siglo XVII, Harlem había experimentado varios influjos migratorios, pero en las primeras décadas del siglo XX se convirtió en el principal destino para la Gran Migración de afroamericanos que huían de la opresión y de las leyes segregadas (leyes de Jim Crow) del Sur en busca de mejores oportunidades en el Norte (Chicago sería otro destino importante).

The_Weary_Blues_1926

Ningún sitio logró captar el espíritu de su tiempo como Harlem. Atraía a los intelectuales y artistas negros (los “nigeratti” según el término inventado por Zora Neale Hurston) — escritores como Langston Hughes (o la misma Neale Hurston), artistas como Aaron Douglas, músicos como Duke Ellington….pero también atraía a los afroamericanos de a pie que luchaban por la supervivencia y el respeto. Aquí he reunido algunas impresiones de Harlem.

Elmer-Simms-Campbell.-A-Night-Club-Map-of-Harlem.-1932Elmer Simms Campbell. Un mapa de locales nocturnos de Harlem, 1932.

Durante los años 20 y 30 Harlem encarnó el nuevo espíritu de la Era del Jazz y del Swing, con una influencia que llegaba más allá de la comunidad afroamericana, Nueva York o los EEUU. Aquí tocaban los mejores músicos y aquí nació el swing. Era el sitio de moda para salir por la noche, y no había escasez de locales, como vemos en esta imagen de 1932: el Cotton Club, el Teatro Apollo, el Savoy, Small´s Paradise e incontables clubes, salones de baile, teatros y bares clandestinos atraían a los juerguistas (blancos) del centro de Nueva York – incluyendo a muchas estrellas de Hollywood y Broadway como Marlene Dietrich, Clark Gable o Tallulah Bankhead. Harlem ofrecía la mejor oportunidad para saborear la libertad de la Era del Jazz.

Romare Bearden (artista) visitaba el Savoy Ballroom a menudo en los años 30:

“Los mejores bailes del mundo ocurrían aquí, y la mejor música…Querrías estar en Harlem o en París entonces.  Eran los dos sitios donde estaban pasando cosas’

(Malone, Jazz Music in Motion).

IntroductionForaBluesQueen(UptownatSavoy)fromJazzSeries1979,R BeardenIntroduction for a blues queen (Uptown at Savoy), Jazz Series, 1979. Romare Bearden

Norma Miller (“Reina del Swing”) en una entrevista reciente para la BBC:

“Harlem era el paradigma de un pueblo que había descubierto una cierta libertad, así que cualquiera que pudiera andar, correr, bailar…venía a Harlem. Era el único lugar donde una persona negra podía sentir que tenía libertad”.

(Norma Miller, Entrevista de la BBC, febrero 2014)

Duke Ellington

Take the ‘A’ Train (vídeo)

Duke Ellington orchestra

Esta canción fue escrita en 1939 por Billy Strayhorn y Duke Ellington en referencia a la línea de metro de Nueva York que une Brooklyn con Harlem y se convirtió en la canción insignia de la banda de Duke Ellington. Aquí la tocan el Duque y su banda en una versión de 1943 para la película Reveille with Beverly.

“Harlem, para nosotros, tenía de verdad la atmósfera más glamurosa del mundo. Teníamos que ir allí.”

(Ellington, Music is My Mistress, p36)

Llegar a Harlem

La madre de Norma Miller, Zalama Barker, tenía sólo 15 años cuando emigró desde Barbados hasta Nueva York, entonces una travesía de dos semanas por mar:

“Iba camino de Nueva York – esa ciudad magnífica de la que tanto había oído hablar iba a ser su hogar. Estaba especialmente emocionada con ver el sitio del que más había oído hablar, donde iba toda la gente de color – Harlem.’

(Miller, Swingin’ at the Savoy p.5)

Billie Holiday describe su llegada en su autobiografía Lady Sings the Blues:

El abuelo me dejó en el tren con un billete a Long Branch, donde Mamá me estaría esperando. Pero en cuanto subí al tren decidí que Long Branch me importaba un comino y que de alguna manera llegaría a Harlem. Me arranqué la etiqueta y resolví apearme del tren en Nueva York y luego coger el metro a Harlem; lo pasaría bomba y luego me pondría en contacto con mi madre. 

Sólo tenía 13 años pero estaba muy espabilada para la edad. Viajaba ligera de equipaje – salvo la cesta con pollo [de la abuela] – pero viajaba.  

(Holiday, Lady Sings the Blues).

Billie Holiday experimentó la cara oscura de Harlem antes de convertirse en una estrella, pasando algún tiempo en un refugio para niños y en prisión.

billie-holiday

Ralph Ellison (escritor). Describe las impresiones del protagonista de su novela Invisible Man cuando llega por primera vez a Harlem, proviniente del Sur:

“Nunca había visto tanta gente negra sobre un fondo de edificios de ladrillo, luces de neón, cristaleras y tráfico estruendoso – ni siquiera en los viajes que había hecho con el club de debates a Nueva Orleans, Dallas o Birmingham. Estaban en todas partes. Tantos y moviéndose con tanta tensión y ruido que no sabía a ciencia cierta si estaban a punto de celebrar una fiesta o de meterse en una pelea. Incluso vi chicas negras sirviendo los mostradores del Five and Ten al pasar.  Entonces en el cruce me quedé de piedra al ver un policía negro dirigiendo el tráfico  -–y había conductores blancos entre el tráfico que le hacían caso como si fuera lo más natural del mundo. Sí, claro que había oído hablar de esto, pero esto era real. Me dio coraje. Esto realmente era Harlem…el veterano tenía razón: para mí esto no era una ciudad de realidades sino de sueños, quizá porque siempre me había imaginado mi vida dentro de los confines del Sur.

(Ellison, Invisible Man, p159).

cropped-harlem-street.jpgCalle de Harlem

Hubo muchos más que siguieron este viaje a Harlem:  Ella Fitzgerald, Ethel Waters, Lena Horne, Josephine Baker (aunque a Baker no le impresionó tanto y pronto se fue a París) y un largo etcétera.

Harlem, Meca del Nuevo Negro

Harlem estaba en pleno apogeo –pero no todo era swing. El movimiento del nuevo negro (New Negro Movement) lo lideraron figuras como W.E.B DuBois, líder de la NAACP o el filósofo Alain Locke. Creían que una nueva literatura y un nuevo arte negro eran fundamentales para que los afroamericanos consiguieran igualdad de estatus y derechos.

Harlem Mecca of the New Negro – Survey Graphic (March 1925), Ed. Alain Locke

harlemmecca

Portada de  ‘Harlem Mecca of the New Negro’, Survey Graphic, marzo 1925.

Alain Locke en su ensayo “Harlem” de 1925:

‘Sin pretender su significado político, Harlem tenía que jugar el mismo papel para el Nuevo Negro que Dublín había jugado para la nueva Irlanda o Praga para la nueva Checoslovaquia.’

(Locke en Levering Lewis, When Harlem was in Vogue).

¿Era Harlem un suburbio desfavorecido?  Harlem, que ya se había convertido en un barrio mayoritariamente negro en los años 20, ofrecía oportunidades y posibilidades para los americanos negros que no existían en otras zonas de los EEUU, sin embargo, la pobreza era un problema extendido, como se desprende de los testimonios de aquella época.

David Levering Lewis:

“Las estadísticas de Harlem eran terribles…Lo que ocultaban las estadísticas era el ambiente al norte de Central Park. A pesar de sus contradicciones….la única certeza que compartían casi todos los que vivían allí era que Harlem no era ningún suburbio deprimido. Gueto, quizás. Suburbio, nunca.[…] Quizá el trabajo y el dinero escaseaban, y los blancos poseían más del 80 por ciento de la riqueza de la comunidad, pero la gente corriente de Harlem –no sólo los abanderados de los derechos civiles o los talentos exultantes de provincias, rezumaban una confianza orgullosa que una vez perdida no se volvería a repetir.”

(Levering Lewis, When Harlem was in Vogue p109).

 

El mayor legado de Harlem seguramente sigue siendo la música (y el baile):

Ella Fitzgerald canta Drop me Off in Harlem, de Duke Ellington

Y ¿Quién no querría ir a Harlem si pudiera?

Banda sonora

Take the ‘A’ Train (Duke Ellington and Billy Strayhorn, 1939)

Drop me Off in Harlem (Duke Ellington, 1933)

Bibliografía

Ellington, Duke, Music is my Mistress. New York: Da Capo Press, 1973.

Ellison, Ralph Invisible Man. New York: Penguin, 2014.

Holiday, Billie, Lady Sings the Blues (traducción Iris Menéndez). Barcelona: Tuesquets Editores, 1990.

Langston, Hughes, Selected Poems of Langston Hughes. New York: Vintage Books, Random House Inc., 1959.

Levering Lewis, David, When Harlem Was in Vogue. New York: Penguin, 1979.

Malone, Jaqui, ‘Jazz Music in Motion’, The Jazz Cadence of American Culture, Chapter 18. Ed. Robert G. O’Meally. New York: Columbia University Press, 1998.

Miller, Norma, Swingin’ at the Savoy. Philadelphia: Temple University Press, 1996.

Miller, Norma, BBC interview, Feb2014 https://youtu.be/kflv49JTDZE

 

El Savoy, donde empezó todo

English

Me he preguntado cómo empezar este blog, pero en realidad la respuesta es simple: debo comenzar con el Savoy en Harlem — donde la música y el baile Swing nacieron, prosperaron y se hicieron mundialmente famosos.  Y el rey entre los bailes swing de la época era el Lindy Hop (también conocido como jitterbug).   El Lindy Hop, el swing y todo lo vintage vuelven a estar de moda – y es importante recordar sus raíces.  Subir la escalinata de mármol y espejos del Savoy, y entrar así en el mejor salón de baile del mundo es un buen sitio para empezar…

Una multitud se reúne delante del Savoy Ballroom, un importante foco cultural y local emblemático del barrio de Harlem (Photograph © Bettmann/Corbis. http://www.danceheritage.org/savoy.html
Una multitud se reúne delante del Savoy Ballroom, un importante foco cultural y local emblemático del barrio de Harlem (Photograph © Bettmann/Corbis. http://www.danceheritage.org/savoy.html

El Savoy era más que un salón de baile – era el corazón palpitante de Harlem. Aquí es dónde los mejores músicos y bailarines se juntaron para crear el swing.  Era el mayor y más elegante salón de baile en Harlem.  Para empezar estaba a otra escala en comparación a las otras salas, ocupando una manzana entera desde la calle 140 a la 141, unos 250 por 50 pies (1161m2) — podía dar cabida a miles de personas sobre la pista de baile: más de 5000 personas asistieron a su apertura la noche del 12 de marzo 1926 con la banda de Fletcher Henderson.

Así es cómo Frankie Manning, la gran leyenda del Lindy Hop, describió su primera visita al Savoy cuando tenía unos 19 años:

“Mientras subía los escalones que llevaban al salón de baile podía escuchar la música swing que se colaba por la escalera, y empezó a calar en mi cuerpo…llegué al último escalón, atravesé la doble puerta, y me paré por un momento de espaldas al escenario, asimilándolo todo. Cuando me di la vuelta y miré la sala de frente…bueno, simplemente me quedé parado con la boca abierta. Toda la pista estaba llena de gente y ¡estaban bailando! ¡La banda estaba aporreando! ¡Los tíos ahí subidos estaban aullando! La música era una pasada. Todo el mundo estaba moviéndose y meneándose…Empezamos a decir “Esto es el paraíso del baile”. Hasta parecía que el suelo se estaba animando porque también botaba arriba y abajo.”

Harlem se había convertido en un lugar de moda para la sociedad blanca del centro neoyorquino durante los años 20.  Harlem, un barrio de Nueva York mayoritariamente negro, experimentó un gran influjo de migrantes negros provenientes del Sur en las primeras décadas del siglo XX, cuando miles de personas huían de la terrible opresión del Sur en busca de nuevas oportunidades. Harlem ofrecía una promesa de libertad y orgullo, y se convirtió en un punto de encuentro para la creatividad y la cultura negras – en la música, el arte, la literatura y la política, durante un período conocido como el Renacimiento de Harlem (Harlem Renaissance).  A pesar de que era conocido como el barrio “Negro”, la segregación racial era aparente (como era el caso en diferente grado en todo Estados Unidos en aquella época) y la mayoría de los famosos clubes nocturnos eran exclusivamente para clientela blanca: el Cotton Club, el Apollo (que aún sigue en pie) etc. presentaban actuaciones con artistas negros, pero las personas negras no podían acceder como público por la entrada principal o mezclarse con la clientela blanca.   La segregación y la discriminación eran problemas aún mayores fuera de Nueva York – cuando el grupo de Lindy Hoppers de Whitey o las bandas de músicos iban de gira era a menudo difícil encontrar locales que les sirvieran comida o les ofrecieran alojamiento. Billie Holidy describe incontables incidentes en sus memorias, incluyendo la dificultad para encontrar lavabos que le permitieran utilizar, un pequeño ejemplo de los enormes retos a los que se enfrentaban.

El Savoy era único por ser un local no segregado – clientes negros y blancos podían asistir, sentarse, comer, beber y bailar juntos – “por primera vez en la historia se estaba cuestionando el status quo” comenta Norma Miller.  Frankie Manning ha dicho que no importaba si eras negro o blanco, verde, amarillo o lo que sea, sólo importaba si sabías bailar.   Creo que este espíritu inclusivo se refleja en el Lindy Hop y es un elemento clave de este baile alegre, de su legado y de cómo lo disfrutamos hoy en día.

El Savoy era el salón de baile más elegante de Harlem y superaba a todas las mejores salas de baile de América.  Era deslumbrante, en las palabras de Norma Miller “el salón de baile estaba decorado en dorado y azul con focos de colores. En los laterales se alineaban los reservados para tomar algo de comer o beber. La zona de baile…ocupaba el largo de una manzana, la pista en sí era un piso de madera hecho de muchas capas, como caoba y arce…lo reponían cada tres años, desgastado por el machaque constante [de los bailarines]”.

La música…y el baile

Chick Webb vs Count Basie, with Billie Holiday, Savoy

La música nunca paraba en el Savoy, había dos escenarios para las bandas, y uno de ellos siempre estaba tocando. Norma Miller recuerda escuchar la música desde la escalera de incendios de su edificio, y más tarde empezaría a bailar en la acera delante del Savoy.  Chick Webb era el líder habitual de la banda de la casa, y la suya era la banda favorita de los Lindy Hoppers.  A lo largo de los años siguientes más de 200 bandas de swing tocaron en el Savoy — había batallas de bandas legendarias entre bandas invitadas como la de Cab Calloway, Count Basie o Benny Goodman (que sólo tocó una vez en el Savoy pero visitaba a menudo) y la banda de Chick.  Para las batallas de bandas más famosas la cola daba la vuelta a varias manzanas — y eran los bailarines los que decidían el éxito de una banda.  El Savoy también fue clave en lanzar las carreras de varias cantantes famosas como Ella Fitzgerald, que fue elegida por Chick para cantar para su banda, y que continuó al frente de la banda después de la muerte de Chick en 1939. Chick Webb grabó Stompin’ at the Savoy en 1934. Aqui está Ella Fitzgerald con la orquesta de Chick Webb tocando St Louis Blues en el Savoy en algún momento de 1939.

En aquellos tiempos las bandas tocaban para los bailarines, y si querían quedarse tenían que mantener la pista llena, según Frankie Manning.  Jacqui Malone ha escrito un artículo muy interesante en Jazz Music in Motion:  Dancers and Big Bands donde defiende que hay que recuperar conciencia de la estrecha relación entre el baile y el desarrollo de la música jazz y swing “Noche tras noche, los bailarines y músicos del Savoy se incitaban unos a otros a llegar más alto, más profundo – siempre con una actitud de elegancia.” Duke Ellington comentaba “Empiezas a tocar y los bailarines empiezan a bailar ¡y tienen un ritmo tan fantástico que sólo tienes que agarrarte!”.

De esta estrecha colaboración con Chick Webb y otras swing bands nació el Lindy Hop. El Lindy Hop es un baile gozoso con mucha improvisación y un ritmo sincopado de 8 compases. Para todos los lindy hoppers que me leéis no necesito aportar más explicación. Evolucionó a partir de otros bailes de la época como el Charleston con el breakaway (paso separado), que permite mayor improvisación, e introdujo el swing-out, su paso estrella. Herbert White, el jefe de sala del Savoy, reunió a los bailarines de Lindy Hop con más talento para formar los Whitey’s Lindy Hoppers y otros grupos de baile.  El Lindy Hop se popularizó por toda América y el extranjero gracias en gran parte a Whitey’s Lindy Hoppers –que estuvieron de gira por Europa, Australia y Brasil, además de aparecer en varias películas y de figurar en la Expo de Nueva York de 1939.

Frankie Manning, una leyenda en la comunidad swing del que hablaremos con más detalle en otro post, fue uno de los bailarines de Whitey; fue un innovador y un coreógrafo clave que influyó en el estilo característico del baile, casi horizontal, y al crear con su pareja de baile de entonces los primeros pasos acrobáticos aéreos (conocidos como airsteps). Es también la inspiración que ha conducido el redescubrimiento del Lindy Hop en todo el mundo desde los años 90, y la inspiración tras el espíritu inclusivo de la comunidad swing.  El Lindy Hop no era el único baile que se bailaba en el Savoy, y otros bailes populares incluían el Shag, el Fox Trot, el Peabody, el Black Bottom, la Big Apple, el Shim Sham etc. pero tal vez sea el baile con el impacto más duradero, tal y como es sentido a diario por miles de Lindy Hoppers modernos en todo el mundo.

Aqui hay uno de los pocos clips de baile social en el Savoy.

…y más

El Savoy era más que un salón de baile, también cumplía la función de centro cívico de la comunidad negra en Harlem: aquí había a menudo eventos de gala de la comunidad los miércoles y los viernes, el ´Club de los 400´ y otras asociaciones de Harlem se reunían aquí y Adam Clayton Powell era cliente habitual. Tras los disturbios de 1935 se pensó que el Savoy era demasiado importante como para permanecer cerrado y se crearon las competiciones de baile del Harvest Moon Ball en un intento de remontar la moral dañada de la comunidad negra.   A pesar de ser un barrio mayoritariamente negro, la patria del Nuevo Negro y el Harlem Renaissance, Harlem era en su mayoría propiedad de gente blanca y muchos negocios no contrataban personal negro, contribuyendo a los disturbios que tuvieron lugar durante la Depresión. Es en este contexto que se hace más evidente el valor del Savoy como un local que empleaba y acogía a un personal y una clientela diversa – incluyendo desde los chavales del barrio a estrellas de Hollywood.

El Savoy abrió sus puertas en 1926 y cerró en 1958. Apenas hay ninguna gran banda de jazz que no tenga asociación con el Savoy, incluyendo bandas negras y blancas. Para bailarines de Lindy Hop como Frankie Manning, Norma Miller y muchos más se convirtió en un segundo hogar, “el hogar de los pies felices” (home of happy feet) como era conocido.  Ayudó a crear y popularizar la música más americana por excelencia, el swing, y un baile verdaderamente americano, el Lindy Hop. El Savoy era visita obligada en Harlem — y Harlem era donde tenías que estar en los años 20 y 30. Según Romare Bearden (artista) “Allí era donde mejor se bailaba en el mundo, y donde estaba la mejor música…Querrías estar en Harlem o Paris. Estos eran los dos lugares donde estaban ocurriendo cosas.”

¿y qué sería un post sobre el Savoy sin música? Aquí va una pequeña selección:

El Savoy abrió en 1926 y cerró permanentemente en 1958. Fue demolido para construir una promoción de viviendas. Frankie Manning y Norma Miller inauguraron una placa conmemorativa el 26 de mayo 2002, el día del 88 cumpleaños de Frankie.

Leer más

Hay mucho material sobre el Savoy. Yo recomendaría empezar por las biografías de Frankie Manning y Norma Miller para una visión personal de cómo era el Savoy. Hay algunos materiales documentales disponibles en youtube (por ejemplo El Savoy). Estas son algunas de las fuentes que utilicé, no es ni mucho una lista completa de todo lo que está disponible.

Burns, Ken, Jazz (serie de televisión y DVD, disponible en español e inglés)(PBS, 2000) http://en.wikipedia.org/wiki/Jazz_(TV_series)

Malone, Jaqui, ‘Jazz Music in Motion’, The Jazz Cadence of American Culture, Chapter 18. Ed. Robert G. O’Meally. New York: Columbia University Press, 1998.

Manning, Frankie & Millman, Cynthia, Frankie Manning, Ambassador of Lindy Hop . Philadelphia: Temple University Press, 2007.

Miller, Norma, Swingin’ at the Savoy. Philadelphia: Temple University Press, 1996.

Seisdedos, Iker, Cuando Harlem era una fiesta. El País, 5 Febrero 2015.

Stearns, Marshall & Jean, Jazz Dance: the Story of American Vernacular Dance, New York: Macmillan, 1968.

The Studio Museum in Harlem, Harlem Renaissance: Art of Black America (Times Mirror Books, New York: 1987).

The Savoy Plaque http://www.savoyplaque.org/

The Savoy King (Documental), http://www.savoyking.com/ . Extracto del documental, The Savoy ballroom https://youtu.be/Mqsc0dhoED0

Citas de

Malone, Jaqui, Jazz Music in Motion, The Jazz Cadence of American Culture Chapter 18.

Manning, Frankie Manning, Ambassador of Lindy Hop.

Miller, Swingin’ at the Savoy.