BSO de Nueva York

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Un mes en Nueva York parecen años en otros sitios. Cuando no estaba en la biblioteca me dedicaba a escuchar toda la música en directo que pudiera, además de bailar: swing, jazz y blues. Escuché algunos artistas increíbles, vi bastante claqué y disfruté de los bailes, pero sin duda mi local favorito fue el American Legion Post 398 (gracias por la recomendación Greg Izor). Este local de la Legión Americana (asociación de veteranos) se encuentra en 248 W 132nd St en pleno Harlem y se convirtió en el hogar del jazz gracias al organista Seleno Clarke, que empezó la tradición de las jams del domingo. Seleno se murió en diciembre, pero el espíritu del jazz continúa, y todos los jueves y domingos hay una jam dirigida por el saxofonista David Lee Jones y los otros músicos residentes, a los que se van sumando lo mejor del talento local y músicos de todas partes del planeta. El  ambiente es muy hogareño, con un público que combina los veteranos asiduos y turistas amantes de la música. Russell, Barbara y Karen detrás de la barra, me hicieron sentir como en casa viendo la gala de los Óscar con ellos en los descansos de la banda. La música es buenísima y en una noche cualquiera se pueden ver algunos artistas muy conocidos de Harlem como Anette St John, cantante que también actúa en el Cotton Club y Smoke, entre otros. No se paga entrada (solo la voluntad) y se da el rarísimo fenómeno de poder tomar una cerveza y buena comida a un precio razonable en Nueva York. No se me ocurre mejor sitio para pasar una tarde de domingo y dejarse llevar por el jazz.

 

 

El Cotton Club es un nombre mítico para cualquier aficionado al jazz y al swing que ha inspirado un sin número de canciones y películas. A pesar de que era un local que solo admitía un público blanco y perpetuaba una sociedad segregada, actuar allí suponía coronar la cima para cualquier artista afroamericano de los años veinte y treinta (entre otros Duke Ellington o Cab Calloway). El local se situaba inicialmente en la calle 142 con Lenox Avenue, luego se trasladó a la calle 48 en el distrito teatral y su última encarnación se encuentra en la calle 125. Para los que vayan buscando el legendario Cotton Club de los años veinte hay que advertir que el local actual carece de ese glamur, aunque mantiene vivo el formato de espectáculo musical y de baile que le dio renombre. Me pareció una cita ineludible así que acudí un frío lunes de marzo; el público era escaso y mayoritariamente turista, pero la calidad de los músicos y los bailarines bien valen los 25 dólares de la entrada. Tocaba una excelente big band con muchas tablas con la cantante Anette St John. Me encantaron los números de baile de las coristas, con su centelleante baile de jazz, y los números de claqué. Se podían bailar algunos números de la orquesta, pero no lo recomendaría como un evento para Lindy hoppers, a menos que se vaya con pareja o en grupo. La noche que fui había muy pocos bailarines sociales, aunque tuve la suerte de bailar varias con Ice — un señor encantador y asiduo a todos los eventos de baile swing a los que asistí en Nueva York (me dijo que solo descansaba los miércoles)–. Allí conocí también a Shana Weaver: corista, bailarina de Lindy hop y Embajadora de la Fundación Frankie Manning, continúa la tradición de las coristas del Cotton Club donde empezaron grandes estrellas como Josephine Baker o Lena Horne.

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Bailarinas del Cotton Club

De entre los artistas del Cotton Club destaca el prodigio de la guitarra King Solomon Hicks, al que tuve la oportunidad de ver otra vez tocando en Terra Blues, un local muy recomendable en Bleecker St. Con sólo 22 años consigue un sonido blues emocionante y su virtuosismo técnico y encanto atrapan al público sin dificultad. El guitarrista de Harlem empezó tocando en jams en los locales del barrio, curtiéndose con músicos de gran calidad. De adolescente participó en la competición del Amateur Night en el Teatro Apollo y lo ficharon enseguida en el Cotton Club. Ahora, cuando no está tocando en Nueva York se le puede ver de gira por EEUU y Europa (el año pasado estuvo en España tocando en locales como el Jamboree en Barcelona o el Café Central en Madrid además de varios festivales).

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King Solomon Hicks playing Terra Blues

 

Si te gusta el jazz con vistas espectaculares el lugar es Jazz at Lincoln Center, una institución única liderada por Wynton Marsalis, cuya misión es promover el disfrute del jazz y la educación siguiendo “el espíritu del swing”. Una organización que tiene una “Universidad de Swing” ya me tiene ganada. Situado en Columbus Circle (muy cerca de la Trump Tower, cosas de Nueva York) el local, abierto al público, dispone de un gran ventanal con vistas de la ciudad y Central Park. Ofrece un programa variadísimo de actuaciones de la más alta calidad, desde su orquesta propia dirigida en persona por Marsalis a las actuaciones nocturnas en Dizzy’s Coca Cola Club. Los que no puedan asistir a las actuaciones en directo (por razones de bolsillo o por ubicación) también pueden disfrutar de ellos en live streaming. Además, ofrece un excelente programa educativo. Tuve la inmensa suerte de poder asistir a un concierto didáctico sobre el swing en femenino: la orquesta de Kit McClure, compuesta por diez mujeres, tocaron versiones del repertorio de las International Sweethearts of Rhythm, una “girl band” de los años treinta y cuarenta. Fue un doble descubrimiento de las pioneras del swing y su fascinante historia, y de la orquesta de Kit McClure, que ofreció una interpretación realmente swingueante de grandes temas como “Jump Children”, “Vi Vigor” o “How About that Jive?”. Más cosas de Nueva York: en una ciudad donde un café con leche te cuesta cinco dólares (más propina), pude disfrutar de la mejor música swing gratis.

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Kit McClure’s orchestra at Jazz at Lincoln Center

No todos los planes de jazz son nocturnos, y un domingo musical puede empezar con un delicioso desayuno a ritmo de jazz (en este caso un trío con vocalista) en Smoke. Este conocido “jazz and supper club” del Upper West ofrece buena música en un ambiente íntimo y confortable. El menú de desayuno (o “brunch” ) no es barato, pero una aficionada tiene que coger fuerzas en una ciudad como ésta.

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Performance at Smoke

Swing 46 es un clásico de la escena swing de Nueva York (en la calle 46). Con música en directo siete días a la semana, Swing 46 era uno de los locales de referencia donde acudían leyendas del baile como Dawn Hampton (la mesita en la que se solía sentar tiene varias fotos dedicadas a su memoria). Los martes toca la George Gee Swing Orchestra, con más de tres décadas de historia tocando para bailarines y un sonido que no defraudó. Tratándose de una big band de esta calidad, y con un precio descontado para bailarines de solo 10 dólares, me sorprendió el pequeño número de bailarines que había: apenas un par de parejas y algunos turistas inexpertos (el mal tiempo pudo ser un factor: aprendí lo que significa una tormenta de nieve en Nueva York durante mi estancia). Menos mal que estaba el incansable Ice siempre sonriente y dispuesto a quemar la pista, con el que bailé varios temas muy divertidos aunque me costara seguirle el ritmo a este veterano del swing.

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Dancing at Swing 46

Un apunte para bailarines: la noche de baile social que encontré más animada fue el Frim Fram, que tiene lugar todos los jueves en una academia de baile (Club 412 en la Octava Avenida). No hay música en directo pero es un punto de encuentro para bailarines de todo Nueva York (y más allá) de todas las edades y niveles. El ambiente me pareció muy relajado y bailé sin parar: en resumen una noche para sudar la camiseta y conocer los lindy hoppers del lugar.

Queda muy poco en pie del Harlem de la era del swing, por eso el Teatro Apollo en la calle 125 se merece una mención especial. Desaparecidos el Savoy y otros locales de entretenimiento, el Teatro Apollo es el único teatro que sigue funcionando, y con gran éxito, desde 1934. En ese año empezó a celebrarse el concurso Amateur Night en el Apollo, precursora de los Got Talent y Factor X de nuestros días, y gracias a la cual fue descubierta Ella Fitzgerald, Lauryn Hill, o la bailarina Norma Miller, que también empezó su carrera ganando una competición de baile sobre este escenario con solo 14 años. La lista de estrellas que ha actuado en el Apollo es demasiado larga para detallarla, desde James Brown a Michael Jackson, como se refleja en el paseo de estrellas de la acera que confirma el lugar destacado de este teatro en la cultura americana.  Han cambiado muchas cosas, pero el Amateur Night sigue celebrándose cada miércoles (con un premio de 10,000 dólares al ganador de la temporada). Se anuncia como: “El máximo de diversión que puedes conseguir en Nueva York por menos de treinta dólares”, y doy fe de que cumple con su promesa en un espectáculo completo de humor y talento. A diferencia de otros concursos del estilo, el público no solo elige el número ganador con sus aplausos, sino que también tiene el poder de echar a los concursantes con sus abucheos: en ese momento suena una sirena y sale el famoso “verdugo” para echarlos del escenario con su escoba y un baile. En este espectáculo interactivo el público es tan protagonista como los concursantes, de los que hubo de todo tipo: cantantes, bailarines, raperos, poetas…y el público de Harlem no es fácil de contentar: si no le gusta lo hace saber inmediatamente y a voz en cuello. La noche que fui abuchearon a los tres primeros concursantes nada más abrir la boca, por lo que tengo que admirar el valor de los concursantes que salían a continuación. Sin duda lo más divertido de Harlem.

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Apollo Theatre

Mi última semana en Nueva York disfruté de una cena y concierto en Silvana’s Café, en la calle 116 en Harlem, gracias a mi amiga Loli Barbazán que ahora vive allí. Un local con menos historia pero con un ambiente muy multicultural y acogedor, de público mayoritariamente joven, combina el café con las actividades culturales, la buena comida y la música. Me sorprendieron muy gratamente los diferentes grupos que tocaron desde el jazz al hip hop y sobre todo me enamoraron los bailarines de claqué que salieron a hacer jam con los músicos. Un lugar para repetir.

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Jam at Silvana’s

No podía irme sin visitar el Paris Blues, el conocido bar de Harlem que estaba a la vuelta de la esquina de mi casa y además venía recomendado por la escritora Elvira Lindo, conocedora de la ciudad. Quise agotar las últimas horas empapándome de toda la música y todo el encanto del barrio que pudiese. El local lo lleva Samuel Hargress, Jr. con mucho orgullo desde 1968 y se mantiene fiel a su espíritu: allí se puede encontrar jazz y blues en directo todas las noches hasta las tres de la mañana por el precio de una birra. La banda de la casa toca en una jam a la que se van sumando diferentes músicos veteranos y jóvenes (un padre con su hijo adolescente por ejemplo). Es un local pequeño que invita a la cercanía y la conversación. Quedan pocos sitios así y merece la pena disfrutarlos, aunque sea para tomar la penúltima.

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Paris Blues, Adam Clayton Powell Blvd. Live music every night.

He leído hoy que: “Después de todo Nueva York es una ficción, un género literario que se adapta a cualquier estado de ánimo del viajero” (Manuel Vicent, El País, 19-08-2018), aunque en este caso la he vivido como una canción o un álbum que me ha acompañado en todos mis recorridos (y en Nueva York se hace mucho recorrido, en metro, a pie…). No me he cansado de los temas en ningún momento y espero volver pronto, aunque sepa que una ciudad como ésta no puede repetirse, con su ritmo y su improvisación constante sonará siempre diferente.

Quiero agradecer a la Fundación Frankie Manning el haberme dado la oportunidad de la estancia en Nueva York para realizar mi trabajo de investigación sobre la historia del Lindy hop (de eso hablaré en otro post).

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¿Cómo contestarías estas preguntas sobre Lindy hop?

Traducción del artículo de Julia Loving publicado en la web de la Fundación Frankie Manning el 14 de mayo 2018. Me ha parecido importante hacer este artículo accesible a un mayor número de personas fuera de la comunidad angloparlante para ampliar la conversación. Leer el artículo original en inglés/ Read the original article in English. 

Preguntas para organizadores de eventos, profesores y personas con liderazgo en la comunidad de Lindy hop

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Julia Loving junto al monumento que marca el lugar donde se encontraba el Savoy Ballroom en Harlem.

Últimamente se han generado conversaciones importantes dentro de la comunidad de Lindy hop sobre el reconocimiento de las raíces negras de este baile. Julia Loving creó una lista con algunas preguntas para que reflexionen los organizadores de eventos. Es una lista muy útil para que los organizadores de eventos de Lindy hop, profesores y personas con liderazgo en las escenas swing de todo el mundo se planteen estas cuestiones para asegurarse de que sus eventos son inclusivos.

Visibilizar y tratar de comprender una cuestión que debe corregirse es el primer paso. Agradecemos a todos los organizadores de eventos sus esfuerzos por crear una comunidad de baile swing más diversa e inclusiva: incrementar la representación negra forma parte de ese objetivo.

Responde estas preguntas

Cortesía de Julia Loving

  1. ¿Reconozco activamente que el Lindy hop es una expresión artística negra? ¿Ese reconocimiento se ve representado en la forma en la que dirijo eventos, clases y la escena de baile en general?
  2. ¿Me siento cómodo/a tratando o hablando de cuestiones de raza? Si no es así, ¿colaboro con alguien que sí se siente cómodo tratando estos temas?
  3. ¿Busco, considero o contrato bandas y orquestas cualificadas que incluyan o sean lideradas por músicos y cantantes negros?
  4. ¿Busco, considero o contrato profesores cualificados negros a todos los niveles?
  5. ¿Busco, considero o contrato DJS cualificados negros para mis eventos o para cubrir los descansos de las bandas?
  6. ¿Los asistentes a mis eventos (profesores, bandas, público, bailarines etc.) reflejan la diversidad de la población mundial? Si no es así, ¿tengo un plan en marcha para hacer que mi evento sea más atractivo para personas de orígenes diversos?
  7. ¿La forma de bailar Lindy hop en mi comunidad se parece a la original?
  8. ¿Quiero ampliar mis conocimientos y busco comprender la experiencia afroamericana? ¿Y la historia del baile?
  9. ¿El personal que contrato se ha sometido a alguna verificación de prácticas no discriminatorias en la escena swing?
  10. ¿Invito respuestas constructivas sobre políticas y programas para combatir la desigualdad racial en mis eventos?
  11. ¿Invito a otras comunidades locales de baile que no sean de origen blanco a participar en mis eventos?
  12. ¿Comparto recursos sobre los orígenes del baile, la historia negra, biografías de los primeros bailarines, de músicos de jazz, colecciones de música etc. con mi comunidad?
  13. ¿Animo a mis alumnos a hacer excursiones a locales o sitios históricos que representan la experiencia o la historia afroamericana, especialmente en aquellas ciudades con gran riqueza histórica?
  14. ¿Estoy comprometida con el reconocimiento de la cultura y la historia negra a largo plazo, no solo cuando está de moda?
  15. ¿Lidero con el ejemplo como profesor/a de baile al incluir lecciones de historia como una parte integral de mis clases? Por ejemplo, todos hacemos el Shorty George pero, ¿sabías que Shorty George era un hombre negro que bailaba en el Savoy en Harlem? etc.
  16. ¿Invito a Lindy hoppers de generaciones anteriores a participar y compartir sus historias en mis eventos? Por ej.: Mama Lou Parks Dancers, competidores del Harvest Moon Ball y bailarines del Savoy.
  17. ¿Me comprometo a darle la bienvenida a todo el mundo con independencia de su raza, religión, orientación sexual, identidad de género, edad, tipo de cuerpo, habilidad física y habilidad mental?
  18. ¿Animo a mis alumnos y compañeros de baile a que estén abiertos a bailar con todo el mundo y a que tomen la iniciativa invitando a bailar a personas de todo tipo? ¿Especialmente aquellos que quizá no sean invitados a bailar con frecuencia? ¡Nadie debería sentirse excluido!
  19. ¿Facilito que haya mentores o formación adicional para bailarines negros nuevos en mi escena? ¿Ofrezco algún tipo de patrocinio económico a estudiantes afroamericanos para participar en mis eventos o en otros eventos?
  20. ¿Estoy dispuesta a aceptar y apoyar cambios aunque pueda modificar mi experiencia de la comunidad de Lindy hop?

Julia gracias por compartir esta excelente lista de preguntas. Esperamos vuestros comentarios y sugerencias sobre lo que debería incluir la lista.

Sobre Julia Loving

Julia Loving ha sido profesora de Biblioteconomía y Ciencias de la Información y de Estudios Africanos en colegios públicos de la ciudad de Nueva York durante los últimos 25 años. Su formación de Lindy hop empezó en la asociación de swing de Harlem (Harlem Swing Dance Society) bajo el tutelaje de Samuel Coleman hace algo más de cinco años. Se enorgullece de ser una Lindy hopper de talla grande en su blog biggirlslindyhoptoo.blogspot.com que promociona un baile swing sin estigmas. Baila socialmente por todo Nueva York. Ha participado en varias competiciones y le gusta apuntar que ganó el tercer premio en el Lincoln Center’s Mid Summer Night Swing 2015 y también ganó en el concurso de Alhambra Ballroom Jazz Vespers con su pareja de baile Brandon Baker, que entonces tenía quince años (ahora tiene 19). Es una gran promotora del baile swing y patrocina a varios estudiantes en diferentes comunidades. Asiste a eventos semanales de baile social en NYC. Hace poco empezó a codirigir un evento de swing bimensual en Harlem llamado “It’s an Uptown Saturday Night Swing Dance” (Baile swing de sábado noche de barrio).  Ha enseñado Lindy hop de nivel iniciación a adultos en el centro Marcus Garvey en Harlem además de enseñar Lindy en su programa extraescolar. Le encanta animar a los miembros de su Familia Lindy y Grupo de Swingout de Harlem para asistir a bailes sociales a través de mensajes y correo. Viaja fuera de Nueva York para apoyar las comunidades de Lindy, Blues y Balboa de otras comunidades en otros estados. Es la creadora de LuckyLindysNYC, una línea de ropa interior para bailarines y entusiastas del yoga que se ha convertido en un gran éxito en la comunidad de baile swing. Últimamente, Julia dice que es «una amante del jazz que comparte la experiencia afroamericana a través del baile».  Es habitual encontrarse a Julia bailando en Brooklyn Swings, Bierhaus, Frim Fram Jam, Swing 46 o bailando al son del vocalista de jazz Charles Turner en el pasillo de Minton’s Playhouse.

Algunos pueden preguntarse: ¿Por qué yo?

Hace poco Judy Pritchett, miembro de la Junta de la Fundación Frankie Manning, le pidió a Julia y cuatro personas más que la ayudaran a contestar una solicitud de una comunidad de baile en Grecia que quería asesoramiento sobre cómo conseguir que sus eventos fueran más inclusivos para afroamericanos. ¿Por qué yo? Supongo que porque sabe que he aprendido a navegar mis propios sentimientos de aislamiento en esta comunidad de baile además de ser una defensora de esta expresión artística. ¡Era un patito feo cuando empecé a bailar! Siendo negra, mayor, de talla extra grande y al estar poco habituada a invitar a hombres a bailar por mi entorno cultural. Pero tuve el apoyo de dos tíos fantásticos: Samuel Coleman de Nueva York y Ryan François de Reino Unido, ambos profesores de baile swing. Me animaron a aprender más y darle un tiempo, y yo se lo agradezco. Hoy en día es muy raro que me quede en el banquillo y soy una defensora de la inclusión y la relevancia. Así que, para que conste en acta, el swing ha cambiado mi vida en tantos aspectos positivos que me pareció necesario contestar de la manera más sincera, reflexiva y rigurosa que pudiera.

Traducción publicada con permiso de la Fundación Frankie Manning y de Julia Loving https://www.frankiemanningfoundation.org/questions/

 

Atlantic Lindy Hopper salta el charco

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Atlantic Lindy Hopper se va a Nueva York en marzo 2018 gracias a la ayuda de la Frankie Manning Foundation.

Estaré investigando los orígenes del Lindy hop en Harlem: las primeras menciones en prensa, la historia de los bailarines y los locales donde bailaban. Los tesoros de la NYPL me esperan (esta biblioteca incluso tiene su propia película).

No todo va a ser archivos, también habrá una escapada al LindyFest en Houston, una de los mayores festivales de Lindy de los EEUU.

Espero volver con muchas historias nuevas para Atlantic Lindy Hopper.

 

 

Ella es jazz

Hoy, martes 25 de abril de 2017 se cumplen cien años del nacimiento de Ella Fitzgerald. Es un año de muchos centenarios: ese mismo año se editó el primer disco de jazz, de la Original Dixieland Jazz Band. No se puede entender el swing, el jazz y la música norteamericana sin Ella. Según la biografía conocida, que se puede leer en la wikipedia y otros, nació el 25 de abril de 2017 en Newport News, creció en la pobreza de la Depresión y se trasladó a Harlem en Nueva York a los quince años cuando perdió a su madre, en 1932.

Poco después la descubrió Chick Webb, que lideraba la orquesta del Savoy Ballroom, cuando ganó un concurso de talentos amateur cantando en el famoso Teatro Apolo. Chick la llevó al Savoy y la convirtió en la cantante de su banda con solo 17 años, lo demás es historia. Su colaboración fue fructífera: el swing nació en Harlem, en el Savoy concretamente, de la mano de Ella y Chick, conocido también como el “Rey del Swing”.  Nos han dejado grandes temas bailables de esta época, pero su verdadero estrellato comenzó con el éxito A Tisket, A Tasket en 1938. Cuando Chick murió prematuramente en 1939 por sus problemas de salud,  Ella pasó a liderar la orquesta de Chick Webb durante algunos años más.

Lo que quizá no sea tan conocido es que Ella Fitzgerald también bailaba Lindy, y que antes que cantante había querido ser bailarina. Demuestra la afinidad que existía entre los músicos y bailarines, que se inspiraban mutuamente.  Llegó a decir más tarde: “Nunca me consideré una cantante. Lo que yo en verdad quería era bailar” (Tales of the Swing Age). Noche tras noche, Ella cantaba en el Savoy, y lo jóvenes lindy hoppers, Frankie Manning y Norma Miller entre otros, acudían a bailar. La sintonía entre músicos y bailarines era absoluta. En sus primeros años fueron incluso compañeros de gira.

Ella no solo creó el swing, siguió evolucionando como cantante de jazz a lo largo de su carrera que abarca todas las épocas y músicos de jazz del siglo XX, del swing al bop y el cancionero de Cole Porter. Es por ejemplo una de las grandes cantantes de “scat” junto con Louis Armstrong: la voz como instrumento musical de jazz, la voz como emoción y libertad, todo en uno, sin palabras. Incluso en los temas más melancólicos escuchar a Ella nunca produce desesperanza, siempre se vislumbra el optimismo de su vitalidad. Siempre, siempre, tiene swing.

Y por poder seguir disfrutando y bailando sus temas, gracias Ella.

Me disculpo por la brevedad porque van a dar las doce y no quería dejar pasar esta fecha. Lo mejor es escucharla: afrontemos la música y bailemos.

Undecided, Ella and the Chick Webb Orchestra

Blue Skies, Ella Fitzgerald

100 Songs for a Centennial, Spotify 

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Ella Fitzgerald Foundation

Norma Miller en persona

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En diciembre tuve la suerte de conocer a Norma Miller, Reina del Swing, en Milán, donde se celebraba su 97 cumpleaños…y el lanzamiento de su nuevo álbum A Swingin’ Love Fest. Llevo más de un año trabajando en la traducción de sus memorias, así que en cuanto me enteré de que venía a Europa ya me estaba subiendo a Ryanair sin pensármelo; tenía que conocerla. Es imposible describir la energía en estado puro que desprende Norma Miller, pero conseguí tomar algunos apuntes, y aquí comparto algunas de sus palabras sobre el Lindy Hop, la vida y el elusivo «ismo».

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Norma Miller cantando con la Billy Bros. Swing Orchestra, Milán, 10 December 2016

Norma Miller empezó bailando en las calles de Harlem de niña, antes de llegar al Savoy Ballroom y convertirse en bailarina de los Whitey’s Lindy Hoppers. Vino a Europa cuando tenía quince años para dar a conocer el Lindy Hop ante el público europeo por primera vez, y hoy en día sigue enseñándonos de qué va. Para saber más sobre su increíble recorrido vital y profesional que empieza en el Savoy y la lleva a actuar con Cab Calloway y Count Basie, entre otros, de Harlem a Hollywood pasando por Rio de Janeiro y más allá…¡pues recomiendo sus memorias, Swingin’ at the Savoy! (que pronto estará disponible en español también).

Aquí está Norma interpretando su número Gimme the Beat con la Billy Bros. Swing Orchestra el 10 de diciembre en Spirit de Milan. Gimme da Beat.

Por amor al swing en Milán

Todo el fin de semana resultó ser un festival por amor al swing, organizado por Maurizio «Big Daddy» Meterangelo y Roberta Bevilacqua, la familia italiana de Norma, también conocidos como la Italian Swing Dance Society. Maurizio grabó el nuevo álbum con Norma y dirige la Billy Bros. Swing Orchestra con verdadero estilo “hep”. Spirit de Milan aportó el ambiente industrial decadente, los lindy hoppers locales estuvieron a la altura de las expectativas de estilismo, y con detalles como el coche de los años 30 en el que llegó Norma la noche del estreno, era fácil pensar que uno se había adentrado en un escenario de película de gángsteres.

Disfrutamos de la proyección del documental Queen of Swing, que Maurizio había subtitulado especialmente para la ocasión, seguido de una entrevista personal con Norma cada noche. Jude Lindy hizo de maestro de ceremonias e intérprete, y Norma estuvo chispeante (literalmente, con su traje de lentejuelas), mostrando su carisma de estrella en cuanto se subía al escenario.  Fueron dos noches fantásticas de música en directo, con el aliciente del virtuosismo del bailarín Chester A. Whitmore,  (que ha trabajado recientemente en La La Land).

El momento cumbre del evento fue por supuesto la actuación de la Billy Bros. Swing Orchestra con Norma Miller el sábado por la noche. Tienen el mejor sonido de big band que conozco en directo, y la Reina del Swing claramente tenía el beat. Cinco de las canciones del álbum son de Norma, y las interpretó en directo, incluyendo Gimme da Beat, They Call Him Louie, Swingin’ Frankie’s Way, Down in New Orleans y Swing Baby Swing.

¡Celebrábamos el lanzamiento del nuevo álbum de Norma y sus 97 años recién cumplidos! (Lo cual por cierto, se aproxima a un récord guinness).

Fue un fin de semana intensísimo, rebosante del espíritu del swing. Maurizio y Roberta fueron muy acogedores, y me entraron ganas de formar parte de la familia lindy hoppera italiana.

Pero mejor que nos lo cuente Norma (según mis apuntes).

Norma Miller hablando de…

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Count Basie

“Count Basie tenía la mejor banda de swing que haya existido. Todo lo que hacía… Les decía a los arreglistas que escribieran música para mantener a los bailarines en la pista. Por consiguiente, si escuchas una melodía de Basie sabes que la puedes bailar. Tenía una de las mejores secciones rítmicas de todos los tiempos. Walter Page al contrabajo, Jo Jones a la batería, Freddy Green a la guitarra y Basie al piano. Formaban la mejor sección rítmica de toda la historia de la música swing. Ahora bien, había muchas grandes bandas. Estaba Chick Webb, el Rey del Swing. Estaba Jimmy Lunceford, otra gran banda. Pero ninguna swingueaba como Basie. Por eso coreografiamos todos nuestros bailes con música de Basie, porque rítmicamente era perfecto. Y cuando bailas Lindy Hop, bailas al son de un buen ritmo. Y las dos cosas iban de la mano perfectamente. Y por eso Basie era una de nuestras mejores bandas para bailar. No es que las otras orquestas no fueran buenas, es solo que ninguna era mejor que la de Count Basie.”

El Lindy Hop, lo más maravilloso    

“No hay nada más maravilloso que un chico y una chica, disfrutando de un tema de Count Basie. Toma Corner Pocket, por ejemplo, tomas uno de los grandes temas de Basie, y estás con una chica sobre la pista, bueno, es algo para disfrutar. El Lindy Hop es el mejor baile social que existe. El ballet es maravilloso, el solo jazz es algo fantástico, pero no hay nada más maravilloso que estar con un chico y estar swingueando con él, es sencillamente lo mejor del mundo. No hay nada mejor que el Lindy Hop. Yo ya estoy llegando al final de la cuerda, pero vosotros tenéis que disfrutarlo. ¡¡Yo lo disfruté!!”

“El Lindy Hop es la cosa más sexual que puedan hacer un chico y una chica…sin irse al dormitorio”.

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 Swing y color

 

“El swing hacía integración racial antes de Martin Luther King. Eso es lo que ocurría en el Savoy. Blancos y negros codo con codo, bailando juntos. Estábamos intentando lograr la integración.”

“El swing no tiene color. No importa que seas blanco o negro, o incluso musulmán. El swing es música. El sonido no tiene color. Escuchas una canción de Count Basie y no puedes ni pensar en el color. Eso es el swing. Conseguimos elevarnos por encima de todo eso.”

Salir del gueto

“Yo era mujer y negra. El swing, el baile, fue lo que me sacó de Harlem. Sobrevivimos. Me esforcé por ser la mejor, toda mi vida. Tienes que ser la mejor en lo que hagas para salir adelante.”

Whitey’s Lindy Hoppers

 “Éramos buenos. Éramos buenos porque bailábamos todas las noches. Durante unos cinco años, antes de hacer las películas, estábamos en el Savoy cada noche. Por eso éramos buenos.”

Bailar

 “Tienes que bailar al son de la música. Tienes que escuchar y bailar respondiendo a la música que toque la banda. Nosotros lo bailábamos todo. El Savoy era un salón de baile y tenías que bailar de todo, one-step, two-step…no bailábamos Lindy hop toda la noche.”

“No le doy consejos a bailarines. Baila, eso es todo.”

“Ismo”

“’Ismo’, hmmmm, mmmm, ‘ismo’ es aquella cosa. ‘ismo’ es lo que hacía que Louis Armstrong fuera Louis Armstrong.”

Su primer baile con Twistmouth George

“Yo tenía doce años y nunca lo olvidaré. Fue el mejor día de mi vida. Estaba bailando con el mejor bailarín, él medía casi dos metros, yo solo tenía doce años. Volé. Nunca lo olvidaré.

¿Su bebida preferida?

“Mimosa, champán y zumo de naranja, ¿puede haber algo mejor?”

Seguir swingueando

Norma nunca ha parado de swinguear y tiene muchísimos planes. Quiere traerse a la Billy Bros. Swing Orchestra a Nueva York a tocar en el festival de Midsummer Jazz del Lincoln Center. También quiere montar un show en Broadway con Chester y los mejores bailarines de swing, y si alguien puede conseguir que sea un éxito, esa es Norma.

¿El consejo de Norma para las futuras generaciones?

“Keep swingin’”, seguir swingueando.

Si quieres nominar a Norma para Premio Kennedy, puedes hacerlo aquí.

Banda sonora:

A Swingin’ Love Fest (Billy Bros. Swing Orchestra con Norma Miller, 2016).

Puedes solicitar una copia del álbum a la  Italian Swing Dance Society.

Lectura:

Swingin’ at the Savoy: The Memoir of a Jazz Dancer, Norma Miller con Evette Jensen (Temple University Press). Pronto disponible en español.

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Todas las fotos son de Olga BSP para Spirit de Milan, cortesía de Italian Swing Dance Society.

A Royal Welcome for the Queen of Swing se organizó con la colaboración de Italian Swing Dance Society, Luca Locatelli, la Klaxon Agency y Spirit de Milan.

 

 

Cassino da Urca, Rio a ritmo de swing

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Puede que no hayas reparado en esta joya escondida de Rio de Janeiro durante la locura olímpica. Cassino da Urca era el casino más espectacular de Rio, su origen se remonta a los años 30 y era el paradigma de la era dorada del glamur de Rio con sus lujosos casinos y grandes artistas nacionales e internacionales. Carmen Miranda era la atracción estrella del casino antes de trasladarse a Hollywood. Algunas de las estrellas que frecuentaron el Cassino da Urca incluyen a Josephine Baker, Bing Crosby, Walt Disney y Orson Welles. Este local estaba en pleno swing en los años 30 y 40, e incluso podías ver el mejor Lindy Hop de Harlem con los Whitey’s Lindy Hoppers que actuaron allí durante su gira de 1941-1942; de hecho, debido a la  II Guerra Mundial se vieron obligados a retrasar su vuelta y quedarse en Brasil varios meses por miedo a que su barco fuera atacado al agravarse el conflicto internacional. Aún se puede ver el edificio del casino, recientemente restaurado, situado sobre una tranquila playa en el barrio de Urca, al otro lado de la bahía de Rio, pero no da idea del lujo del casino en su época de esplendor.

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Cassino da Urca

Norma Miller era una de las bailarinas del grupo de Whitey’s Lindy Hoppers que fueron a Rio y describe su llegada en sus memorias  Swingin’ at the Savoy:

El conductor nos llevó bordeando la Playa de Copacabana por la carretera que va serpenteando hasta el Casino de Urca; un bellísimo edificio sobre la playa, con una marquesina que llegaba hasta la calle. Era justo como nos lo habíamos imaginado, como un escenario de película fabuloso. No había nada en América que se pudiera comparar con este casino. Estaba a pie de playa, mirando a la bahía, y desde el patio podías contemplar una vista espectacular de la bahía y de la estatua de Cristo.  Rio ocupó un lugar especial en mi corazón enseguida. (p 173).

Carmen Miranda

Probablemente sea la estrella más icónica de Brasil, y actuaba todas las semanas en Cassino da Urca hasta 1940, cuando se trasladó a Hollywood.

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Carmen Miranda

Carmen Miranda cantando O Tic-Tac do Meu Coraçao (1942).

El Casino

Joaquim Rolla fue el empresario que convirtió el Cassino da Urca en el mejor casino de Sudamérica y más allá. Jugando a las cartas en 1933 se hizo propietario de parte del casino.  Después de hacerse con toda la propiedad lo transformó en algo mucho más ambicioso y reabrió sus puertas en 1936 tras las renovaciones.

El casino tenía tres orquestas, un gran conjunto de coristas al estilo de las “Rockettes” y más de cien cantantes de orquesta (cada cantante hacía un solo número con la banda). En palabras de Norma Miller: «Era algo parecido a Las Vegas hoy en día». La orquesta de Carlos Machado era la principal orquesta en Rio en la época en la que estuvieron los Whitey’s Lindy Hoppers y Grande Otello era el actor y cantante estrella local. Había un teatro, varias salas de juego y restaurantes, además de un servicio en barco para acercar a los clientes a otros casinos.

Todo el Cassino era bello y de un lujo increíble. El escenario era móvil, y al terminar una banda de tocar desaparecía bajo el suelo a la vez que la siguiente banda comenzaba a sonar (se puede ver este mecanismo en acción en el vídeo del Istituto Europeo di Design incluido al final del post).

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Un espectáculo en Cassino da Urca
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El famoso grill bar del Cassino
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La entrada del Cassino

Este clip recrea  la última actuación de Carmen Miranda en el Cassino da Urca.

La estancia de Walt Disney también inspiró este corto de  Donald Duck .

Whitey’s Lindy Hoppers

Los Whitey’s Lindy Hoppers viajaron a Rio de Janeiro en diciembre 1941. El conjunto incluía a tres parejas: Frankie Manning y Ann Jonson, Al Minns y Willamae Ricker, Billy Ricker y Norma Miller. Los Lindy Hoppers adoraban la samba y fueron un exitazo la noche del estreno según Norma:

«Amábamos Brasil, y Brasil nos amaba a nosotros. Cuando saltamos al escenario con la banda supe que estaba ocurriendo algo especial. Fue maravilloso, era ese ritmo de samba…El público chillaba, y la banda estaba swingueando a lo loco. Cuando terminamos el público se volvió loco, todo lo demás se paró. Salimos a saludar una y otra vez, y finalmente, dejaron que nos marcháramos. Fuimos un bombazo en Río.  Habíamos encontrado nuestro segundo hogar». (p 175).

Los Whitey’s Lindy Hoppers tenían un contrato de 6 semanas, pero después del bombardeo de Pearl Harbor se volvió demasiado peligroso volver en barco, y 6 semanas se convirtieron en 10 meses, durante los cuales actuaron en todos los principales casinos de Brasil. Hacían un primer espectáculo en el Cassino da Urca y después cogían una lancha motora para cruzar la bahía y actuar en el Cassino Icarai.

Puedes leer más sobre las aventuras de Norma Miller en Brasil, donde aprendió a bailar samba y participó en el desfile de Carnaval, de sus conversaciones con Orson Welles y su escape de una turba furiosa en  Swingin’ at the Savoy.

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Norma Miller sobre la samba y el swing:

Los brasileños tienen un swing propio, pero tiene las mismas raíces africanas que el jazz americano. Los negros de Brasil le dieron un ritmo de samba, y los negros americanos le pusieron swing. Los lazos que nos unían estaban ahí, y lo percibimos inmediatamente. Todo Brasil era puro swing. (p 173).

Orson Welles

El Cassino da Urca fue también escenario de grabación de la película inacabada de Orson Welles  Ain’t it the Truth, que incluía una parte documentando el carnaval de Rio (filmado durante la estancia de los Whitey’s Lindy Hoppers). Por desgracia, el proyecto nunca se completó y no sobrevive mucho metraje. Welles era un gran aficionado al jazz y había estado trabajando en una película con Louis Armstrong documentando la historia del jazz antes de acceder a venir a Brasil cuando fue nombrado embajador de buena voluntad para América Latina como parte del esfuerzo de guerra. El capítulo sobre el carnaval también se llamó «La historia de la samba».

Orson Welles
Entertainer Orson Welles (CR) attending the Rio de Janerio Carnival celebration. (Photo by Hart Preston//Time Life Pictures/Getty Images)

El Cassino da Urca hoy en día

El juego se declaró ilegal en Brasil en 1946 y el edificio fue comprado por una cadena de televisión. Después de permanecer en ruinas desde los años 80, el casino ha sido recientemente restaurado gracias al Istituto Europeo di Design. Puedes  seguir los pasos de la historia del casino y su renovación en este video de IED.

Si tienes la suerte de visitar Rio, esta es su  localización.

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Más información

Este artículo está inspirado y basado en las Memorias de Norma Miller  Swingin’ at the Savoy: the Memoir of a Jazz Dancer (Temple University Press). Su libro está disponible en inglés en Amazon y actualmente estoy finalizando su traducción al español.

Otras fuentes:

http://www.cassinosdobrasil.com.br/cassinos-famosos/cassino-da-urca-rio-de-janeiro/

http://www.royalrio.net/site/cassino-da-urca-the-golden-years-of-rio-de-janeiro/

Istituto Europeo di Design, https://youtu.be/PyW_XWLsFPU 

Banda sonora:

Aquarela do Brasil (Ary Barroso) en cualquiera de sus versiones.

 

¿Se bailaba swing en España?

En otro post de este blog me preguntaba si se bailaría swing y Lindy Hop en Bueu (pequeña localidad de la provincia de Pontevedra) en los años 30 y 40…sin poder responder concretamente a esa pregunta, rebuscando un poquito, sí que he encontrado algo de información sobre la historia del baile swing en España. Dada la popularidad de estos bailes de raíces norteamericanas actualmente en muchos rincones de la península, es normal preguntarse si esto lo bailaban nuestros abuelos, los jóvenes de la «era del swing» en España.

La primera referencia que encontré al baile swing en la España de los años de posguerra fue en el libro de Carmen Martín Gaite, Los usos amorosos de la posguerra española donde habla de las niñas swing o chicas topolino (más sobre esto luego) y la reacción virulenta hacia el baile swing en algunos sectores:

«¿Es que nosotros hemos de hacer cabriolas como cualquier payaso cervecero de los de “por allá”?…De cada cien piezas que toca el combinado orquestal, lo menos ochenta y cinco son bugui-bugui, “swing” y cosas de esas llegadas del dinámico país de Lie Sherindan…No es de buen gusto imitar a los salvajes del centro de África o a los hombres de color que hacen alarde de las libertades que disfrutan al pie de los rascacielos neoyorquinos.» (La Hora, 1 marzo 1947, citado por Gaite).

Esta referencia me intrigó y quise descubrir qué se bailaba exactamente por aquella época y si podría parecerse a lo que bailamos hoy en día. La mayor parte de la información de este post lo he encontrado en el libro de Jose María García Martínez  Del fox-trot al jazz flamenco: el jazz en España 1916-1966 (la primera gran retrospectiva del jazz en nuestro país), El trazo del jazz en España de Jorge García y ¡¡Bienvenido Mr. USA!! de Ignacio Faulín Hidalgo (incluyo la bibliografía al final). Hay escasez de materiales sobre el Lindy Hop específicamente, pero por el camino he descubierto algunos tesoros como la fiebre swing de las fiestas de Gracia, bailarines como Harry Flemming, charlestones de dudoso gusto,  los peligros del swing según el franquismo, temas de swing español y los famosos Gitanos del Swing, entre otros, por lo que pido disculpas por los rodeos en contestar a la pregunta del título.

Swing en Barcelona

El jazz entró con fuerza en España en los años 20 y 30, acompañado de una serie de modas de baile norteamericano como el cake-walk, el fox-trot, el black bottom y el charlestón, que tuvo gran popularidad, como detalla Faulín en su recorrido por esta historia de música y baile popular en ¡¡Bienvenido Mr. USA!! . Barcelona fue, entonces como ahora, el principal punto de entrada de la música jazz y el swing en España (otros puntos neurálgicos en los años 20, 30 y 40 fueron Madrid y San Sebastián). Hoy en día Barcelona es una de las capitales del swing europeo que cuenta con más Lindy Hoppers y escuelas de bailes swing, con epicentro geográfico en el barrio de Gràcia donde hay tres o cuatro escuelas y mucho baile en la calle.

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Carnaval en Barcelona (La Rúa), c 1930

Que Barcelona fue un hervidero de jazz en los años de preguerra da cuenta la larga lista de orquestas de swing y jazz que enumera  García Martínez en su libro Del fox-trot al jazz flamenco: el jazz en España 1916-1966. Según el autor, a esto contribuía la pujante burguesía, su situación bien conectada por mar y tierra con las vanguardias europeas, y el ser frecuentada por músicos y orquestas: «Barcelona, en fin, fue epicentro del seísmo hot que asoló la Península en los años treinta». Así, el swing pasó a formar parte del sedimento cultural barcelonés, hasta hoy en día.

Esta crónica de las fiestas mayores de Gràcia, de la revista Ritmo y Melodía de 1944, que bien pudiera referirse a fiestas más recientes que tienen lugar en este barrio, nos da una idea del ambiente swing de entonces, incluyendo algún tema favorito de Lindy Hoppers como Sweet Georgia Brown:

«ríos de gente se apretujan. Todos bailan. Los que deseaban, de primera intención, bailar, y los que deseaban sólo pasar pero han de bailar a la fuerza a causa de los empujones…Bonet y sus músicos, con la formidable interpretación de Sweet Georgia Brown dieron, quizás, la nota más alta de calidad musical de todos los festejos. El saxo tenor y el violín en las respectivas manos de Bonet y de Jaime Vila hicieron vibrar arrebatadamente la plaza entera, en un hermoso clamor.
Los conjuntos callejeros se han defendido como leones. Se llevó la palma por su vigor, su alma y su buen repertorio, la dominguera Savoy…Todo Gràcia, en estas noches inacabables, bulle y arde de una extraña sed, que no sería bastante ¡para apagar los innumerables barriles de cerveza de los innumerables bares gracienses…! Orquestas, churros, vocalistas, calor, grito, puntos de swing negro, planetas del destino, gritos de vendedores ambulantes, serpientes humanas de seis o siete jóvenes animados, farolillos rojos en medio de la oscuridad…:¡tutti frutti!». (citado en García Martínez)

Bailes y música

Desde el principio el baile y la música jazz crecieron de la mano, aunque salvo excepciones, se suele prestar menos atención a la historia del baile. Músicos, orquestas, las revistas musicales, los discos, la radio y el cine, todos jugaron un papel importante en esta moda del jazz, el swing, lo hot y lo negro, pero el baile fue clave en su popularidad. Según Faulín y García Martínez en los años 30 el swing de Ellington, Louis Armstrong, Jelly Roll Morton o Paul Whiteman se escuchaba en discos editados por La Voz de su Amo y en el nuevo medio de la radio. Las películas musicales americanas también contribuyeron a popularizar el claqué y otras danzas de jazz (entre ellos Fred Astaire, Shirley Temple, Bill Robinson y los Hermanos Marx estaban en cartelera en los años 30 y 40).

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imagen de la exposición El Ruido Alegre (1926)

Josephine Baker, que se convirtió en todo un icono de los años 20 en París, extendió la fiebre por su charlestón salvaje con su gira por España 1930, y hubo muchas bailarinas imitadoras. Tenemos la suerte de tener alguna grabación de Josephine Baker bailando su charlestón de energía inigualable:

Josephine Baker (La Revue 1927)

El bailarín y productor Harry Fleming, con su espectáculo Blue Birds y su cuerpo de baile Los boys del Savoy también fue particularmente influyente en España.  Julián Ruesga Bueno ha indagado un poco más en la historia de Harry Fleming e incluye una crónica del ABC de Sevilla del 20 de octubre de 1929 de su paso por la Expo Iberoamericana del 29:

«Anoche se presentó en Sevilla la agrupación de artistas negros que dirige el famoso bailarín Harry Flemming. La boga del arte negroide ha destacado a artistas muy notables, como el que anoche vimos en el Cervantes y como Luís Douglas, conocidos y aplaudidos en todos los teatros de Europa. Flemming es un bailarín extraordinario. Su agilidad y su sentido del ritmo y de la danza le han valido una gran reputación. Con él viene una compañía de revistas, compuesta de negros y blancos. De ella forman parte Little Esther, la pequeña negrita que se hizo popular en el cinematógrafo; Florence Miller, Elena Cooke y Ellington, los bailarines Quitty Morán y Sleet, el célebre cómico Bob Wolly y otros muchos artistas del baile y la canción. Representaron la revista ‘Hello-Jazz’, en la cual se ofrece una visión humorística y coreográfica de los barrios neoyorquinos y se reflejan costumbres pintorescas de Nueva York.»

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Harry Fleming band

Tenemos que hablar de Sam Wooding, uno de los nombres más importantes en la introducción del jazz y el swing auténticos en España, un músico de origen americano que tocó con su orquesta los Chocolate Kiddies en varias giras por Europa y España en 1926 y 1929 (en Madrid, Barcelona y San Sebastián entre otros sitios) a los que podemos escuchar en plena forma aquí:

Sam Wooding & His Chocolate Kiddies (Barcelona, 1929)

 

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Sam Wooding & his Chocolate Kiddies

Lo negro estaba de moda, lo cual no quiere decir que este «negrismo» no estuviera tintado de ciertos estereotipos y racismo, como podemos ver en este charlestón Madre cómprame un negro de 1929:

Madre cómprame un negro (La Goyita, 1929)

¿Y fuera de Barcelona también había swing?

En resumen sí, también fuera de las grandes urbes llegaba la influencia del jazz. Hay que apuntar, como nos indica Faulín Hidalgo, que en los primeros años se conocía como jazzband o jazz band a cualquier conjunto que incorporara percusión, que era una gran novedad, por lo que hay ser cautos cuando vemos las carteleras y el gran número de orquestas que se definen con el término jazz o jazzband. Estos conjuntos solían tocar una combinación de bailables, fox-trots, pasodobles, rumbas y temas románticos, que muchas veces tenían poco que ver con el jazz. El jazz, en sentido amplio, convivía en todo momento con otros estilos de gran popularidad como la copla, la zarzuela o la revista.

El jazz sonaba en Madrid, Valencia, San Sebastián, Sevilla y muchos más sitios. Por poner un ejemplo cercano, en su artículo Y Compostela se dejó seducir por el jazz Alberto Cancela Monte nos descubre la influencia de esta música en Santiago de Compostela y los principales locales donde sonaba. Nos cuenta que en los años 30: «También las fiestas del Apóstol cuentan con orquestas como la Orquesta Melody Jazz que destaca “en el trepidante sonar del jazz, el hot, el swing y todas esas degeneraciones de la música que el desviado gusto de la juventud moderna exige para bailes y reuniones.”».

En 1936 antes del comienzo de la guerra civil se vivía un auténtico apogeo del jazz en la península, con conciertos de grandes figuras como Django Rheinhardt o Benny Carter.

La Era del Swing y la guerra

La Era del Swing americana se suele fechar entre 1935 y 1945, al acabar la II Guerra Mundial, aproximadamente; aunque no se pueda considerar que existiera un fenómeno equivalente en España algunos autores sitúan la era del swing española de forma algo más tardía a lo largo de los años 40.

Naturalmente la guerra civil española (1936-1939) afectó el desarrollo del incipiente swing aquí. Existe la idea generalizada de que la guerra puso fin al swing en España, sin embargo, en su libro ¡¡Bienvenido Mr. USA!! Faulín Hidalgo nos muestra evidencia de que en realidad no fue así, y que durante la guerra los habitantes de las ciudades seguían buscando la evasión a través de la música y el baile. Se frenó eso sí la producción de discos, pero las orquestas seguían tocando en Barcelona y Madrid, y el swing estaba presente en la radio y en el cine, ya que al fin y al cabo el swing estaba de moda a nivel mundial.

Swing en la posguerra: de la prohibición a las niñas swing

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El swing y el jazz no encajaban bien con la ideología franquista y de Falange de posguerra, así como tampoco encajaba bien en la Alemania de la época, por su esencia libertaria que prima la improvisación, la expresión individual y creativa. Aparte del hecho de ser una música de origen afroamericano, el swing se rechazaba por ser norteamericano, un país que parece que causaba antipatía y fascinación a partes iguales en la nueva España de Franco. Carmen Martín Gaite en Usos amorosos de la posguerra española retrata magistralmente el ambiente y la ideología oficial de aquella época— con su rechazo por todo lo foráneo, moderno, burgués, y por supuesto americano —y la exaltación de lo propio, la austeridad, los roles tradicionales y la patria. En una cita de la época:

«Que no haya sobre la bendita tierra de España otras costumbres que no sean las nuestras. Y si esto es un feroz nacionalismo, pues mejor. Y si esto es un absurdo retrógrado, mucho mejor. No queremos el progreso, el romántico y liberal, capitalista y burgués, judío, protestante ateo y masón progreso yanqui. Preferimos el atraso de España, nuestro atraso.». (Usos amorosos de la posguerra española)

Este aislamiento y mirar hacia dentro toma forma en la prohibición, a partir de 1940 «del uso innovador y deformante de vocablos extranjeros en marcas, rótulos y escritos» , prohibición que incluye al «swing» ( Martín Gaite). La Delegación Nacional de Prensa, por ejemplo:

«cuidará que en ninguna de sus informaciones y críticas los periódicos empleen los vocablos ballet y swing, sustituyendo el primero por bailes o bailables y el segundo por otro equivalente en castellano» (¡¡Bienvenido Mr USA!! p314).

En términos más explícitos se rechaza la música y la danza jazz en esta circular de la Delegación de Prensa de 1943:

«Por esto se ve con fundada preocupación el desarrollo que puede alcanzar la llamada música negra… Lo que queremos desterrar es la ola de jazz arbitraria, antimusical y pudiéramos decir que inhumana con que América del Norte hace años que ha invadido Europa. Nada más alejado de nuestras viriles características raciales que esas melodías muertas, dulzonas, decadentes y monótonas…nada más lejos de nuestra dignidad espiritual que esas danzas dislocadas, desconcertadas en las que la nobleza humana de la actitud, la seleccionada corrección del gesto, desciende a un rídiculo y grotesco contorsionismo.» (¡¡Bienvenido Mr. USA!! p315).

Pero como defiende Faulín Hidalgo con vehemencia, esta línea oficial parece tener nulo efecto en las publicaciones, grabaciones y programas radiofónicos de la época que están repletas de swing, hot y jazz, y por supuesto, baile. Hay una gran diferencia entre la línea oficial y lo que realmente se escuchaba y estaba de moda. En las consignas de la época había poco de atractivo para los jóvenes, en palabras de Gaite, «Con música de himno quedaba bonito, pero ¿quién podía identificarse con aquello a la hora de la merienda?». El swing era lo que sonaba mundialmente y se colaba incluso en películas archifranquistas como Raza de 1941 (según Iván Iglesias); no hay más que ver la crónica de las fiestas de Gràcia del ’44 que citamos al principio para ver la popularidad del swing en aquel momento.

Desde que publiqué este artículo he podido encontrar algo de swing en el mismo No Do: la orquesta del británico Eddie Carroll tocando «Sweet Sue» (4 de octubre 1943, minuto 00:40 a 02:00).

En algo tenían razón estas circulares, que la influencia cultural americana se extendía gracias a la música y el cine. Corría en la España de la época una corriente contraria a la línea imperante: estaban las chicas «topolino», o «niñas swing», y el equivalente masculino de los «pollos swing». Los zapatos topolino (en referencia a un tipo de calzado de plataforma de inspiración hollywoodiense), desentonaban con las normas de la época y eran característicos del fenómeno de chicas jóvenes, de la nueva burguesía,  que imitaban el estilo americano. A estas chicas también se les llamaba «niñas swing» aludiendo a la nueva danza que entró en los años cuarenta. En una época en que las opciones para las mujeres eran muy reducidas, estos aires de modernidad eran una rebelión. En palabras de Gaite «Aquellas chicas de cabeza de chorlito “desentonaban” en una sociedad que exhortaba a las mujeres a mantenerse en un segundo plano, a no hacer avances, a no llamar la atención por nada». La música, el baile y el cine americano ofrecían modelos de libertad mucho más atractivos para las niñas swing y los pollos swing (y precisamente por eso causaban tanto recelo en la sociedad de la época).

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Publicidad de zapatos estilo topolino de la época

Una de las cantantes populares entre los jóvenes de posguerra era Rina Celi, a la que podemos escuchar con el Quinteto Nocturnos en una grabación de 1942 de Un día de esos (Some of these days) tocando un poco de swing en versión española. Rina Celi, artista barcelonesa ha sido descrita como “la cantante hot por antonomasia”. El recopilatorio Històries del Jazz a Catalunya Vol 2 incluye muchos más temas swing de orquestas como la de Luis Rovira y otros de la época, y Faulín Hidalgo incluye una discografía de 51 temas de los años 40 en su libro, muy recomendable.

Rina Celi y Quinteto Nocturnos, 1942

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Pero, ¿se bailaba Lindy Hop?

Las niñas swing y los pollos swing escuchaban música de influencia americana, pero es difícil saber si lo que bailaban era algo parecido al Lindy Hop que conocemos hoy en día: ¿hacían swing-outs, tandem charleston y shorty george por ejemplo? ¿o bailaban balboa y shag? Hay poca evidencia visual de lo que se bailaba realmente en los años cuarenta en España y no conozco películas o material filmado como puede haber del Lindy Hop americano. Sí que está bastante documentado que se bailaba charlestón y el fox-trot, pero parece que el término Lindy Hop y jitterbug (nombre con el que se popularizó el lindy hop entre los jóvenes blancos americanos) no eran muy utilizados, aunque en este campo queda mucho por investigar. Incluyo algunas de las pocas referencias e imágenes que he encontrado del Lindy Hop concretamente en la España de los años 40 (por ahora), donde destaca indiscutiblemente el Salón Amaya en Barcelona.

«La música fue inseparable de los diversos bailes que se engloban dentro de ese estilo, y puede decirse que músicos y bailarines fueron sus creadores por igual. En España el baile que principalmente se identificó con el swing fue el lindy hop o jitterbug, una danza afronorteamericana que había nacido en 1927 en el Savoy Ballroom del Harlem neoyorquino y que había influido considerablemente a las big bands en la sistematización del nuevo estilo de jazz [a continuación pasa a describir de manera detallada el paso básico de lindy hop]» (Iván Iglesias).

Además, nos cuentan Iglesias y Faulín Hidalgo que proliferaron las academias de baile que incorporaban los nuevos bailes entre sus bailes de salón habituales, y que también se popularizaron las exhibiciones de swing por parte de bailarines profesionales o semi-profesionales.

Los Whitey’s Lindy Hoppers en su gira europea del año 1936-1937 estuvieron en Reino Unido, París, Suíza e incluso Dublín, pero no visitaron España (que ya estaba inmersa en la guerra civil). En España en cambio, sí que se estrenó la película de los hermanos Marx Un día en las carreras en 1940, por lo que el público español sí que podía conocer los Whitey’s Lindy Hoppers, máximos representantes del Lindy Hop a nivel mundial, por su famoso número en esa película.

Si en algún lugar se bailaba swing y alguna forma de Lindy Hop, era en Barcelona. El Salón Amaya en el Parallel fue local emblemático donde se celebraban concursos de baile en pareja de swing y bugui-bugui (al estilo de los concursos del Savoy) y donde se bailaba “tan bien como en el propio Harlem” según alguna reseña de la época (Iglesias). Se inauguró en 1943 y tuvo su máximo esplendor entre 1945-46. Allí bailaban los Gitanos del Swing: «se trata de bailarines tanto gitanos como algún payo que acuden allí y hacen disfrutar con sus gimnásticas exhibiciones. Es el momento del boogie, del jitterbug, el lindy hop, basados en danzas negras que aparece en la era del swing con demostraciones atléticas de gran nivel», según Faulín Hidalgo.  Los Gitanos del Swing llegaron a anunciarse en Madrid en 1948. Sus apodos eran el Sardineta, Patillas, Batista, Tau, Melenas, Coqui y Polla, se vestían con la estética swing y fueron el germen de los bailarines acrobáticos Los Locos del Rock and Roll en los cincuenta. Tenemos esta imagen del Amaya donde parecen estar bailando lindy hop o jitterbug, en su anuncio de concurso de bailes modernos: “hot” y “swing”.

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Anuncio del Salón Amaya, 1945

El swing siguió siendo popular durante toda la década de los 40, y a partir de 1945 entra el bugui-bugui con fuerza, el último estilo de baile de la familia del swing, que se describe como un estilo de baile más salvaje y acrobático. En los 50 el jazz dejó de ser una música popular, bailable, para evolucionar en otras direcciones más minoritarias como el bebop y el hard bop; y los ritmos latinos cobraron más protagonismo en el baile social (hasta la llegada del rock ‘n roll y el twist). No será hasta principios del siglo XXI que este baile de ritmo infeccioso y actitud libre vuelva a bailarse en las pistas y calles de la península, una vez más, empezando por Barcelona (pero esa es otra historia).

Estoy segura de que quedan materiales por descubrir y espero que este post anime a rebuscar en áticos y archivos, memorias, recortes y películas…¿qué opináis? Quizá pronto podamos incluir alguna foto de nuestros abuelos bailando swing.

Saber más…

Bibliografía

Cancela Montes, Alberto, “…y  Compostela se dejó seducir por el jazz”, Novas Músicas: o jazz chega co século XX, descubrindoasnosasmusicas.blogspot.pt

Faulín Hidalgo, Ignacio, ¡¡Bienvenido Mr. USA!! La música norteamericana en España antes del rock and roll (1865-1955), Editorial Milenio, 2015.

García, Jorge, “El trazo del jazz en España“, El Ruido Alegre: Jazz en la BNE, Ministerio de Cultura, 2012 (pdf disponible online).

García Martínez, José María, Del fox-trot al jazz flamenco, Alianza Editorial, 1996.

Iglesias, Iván, “(Re)Construyendo la identidad musical española: el jazz y el discurso cultural del franquismo durante la segunda guerra mundial”, HAOL, Núm. 23 (Otoño, 2010), pp 119-13.

Martín Gaite, Carmen, Usos amorosos de la posguerra española, Anagrama, 1994.

Resga Bueno, Julián, “El primer jazz en Sevilla”(Harry Fleming),  Asociación Apolo y Baco, http://www.apoloybaco.com

Banda sonora

Madre cómprame un negro (La Goyita, 1929)

Sweet Georgia Brown (Coleman Hawkins, Benny Carter & Django Rheinhardt, Paris 1937)

Sam Wooding & His Chocolate Kiddies (Barcelona, 1929)

Rina Celi y Quinteto Nocturnos, 1942

Històries del Jazz a Catalunya Vol 2

Sweet Sue (Eddie Carroll, No Do 4 octubre 1943)