¿Se bailaba swing en España?

En otro post de este blog me preguntaba si se bailaría swing y Lindy Hop en Bueu (pequeña localidad de la provincia de Pontevedra) en los años 30 y 40…sin poder responder concretamente a esa pregunta, rebuscando un poquito, sí que he encontrado algo de información sobre la historia del baile swing en España. Dada la popularidad de estos bailes de raíces norteamericanas actualmente en muchos rincones de la península, es normal preguntarse si esto lo bailaban nuestros abuelos, los jóvenes de la «era del swing» en España.

La primera referencia que encontré al baile swing en la España de los años de posguerra fue en el libro de Carmen Martín Gaite, Los usos amorosos de la posguerra española donde habla de las niñas swing o chicas topolino (más sobre esto luego) y la reacción virulenta hacia el baile swing en algunos sectores:

«¿Es que nosotros hemos de hacer cabriolas como cualquier payaso cervecero de los de “por allá”?…De cada cien piezas que toca el combinado orquestal, lo menos ochenta y cinco son bugui-bugui, “swing” y cosas de esas llegadas del dinámico país de Lie Sherindan…No es de buen gusto imitar a los salvajes del centro de África o a los hombres de color que hacen alarde de las libertades que disfrutan al pie de los rascacielos neoyorquinos.» (La Hora, 1 marzo 1947, citado por Gaite).

Esta referencia me intrigó y quise descubrir qué se bailaba exactamente por aquella época y si podría parecerse a lo que bailamos hoy en día. La mayor parte de la información de este post lo he encontrado en el libro de Jose María García Martínez  Del fox-trot al jazz flamenco: el jazz en España 1916-1966 (la primera gran retrospectiva del jazz en nuestro país), El trazo del jazz en España de Jorge García y ¡¡Bienvenido Mr. USA!! de Ignacio Faulín Hidalgo (incluyo la bibliografía al final). Hay escasez de materiales sobre el Lindy Hop específicamente, pero por el camino he descubierto algunos tesoros como la fiebre swing de las fiestas de Gracia, bailarines como Harry Flemming, charlestones de dudoso gusto,  los peligros del swing según el franquismo, temas de swing español y los famosos Gitanos del Swing, entre otros, por lo que pido disculpas por los rodeos en contestar a la pregunta del título.

Swing en Barcelona

El jazz entró con fuerza en España en los años 20 y 30, acompañado de una serie de modas de baile norteamericano como el cake-walk, el fox-trot, el black bottom y el charlestón, que tuvo gran popularidad, como detalla Faulín en su recorrido por esta historia de música y baile popular en ¡¡Bienvenido Mr. USA!! . Barcelona fue, entonces como ahora, el principal punto de entrada de la música jazz y el swing en España (otros puntos neurálgicos en los años 20, 30 y 40 fueron Madrid y San Sebastián). Hoy en día Barcelona es una de las capitales del swing europeo que cuenta con más Lindy Hoppers y escuelas de bailes swing, con epicentro geográfico en el barrio de Gràcia donde hay tres o cuatro escuelas y mucho baile en la calle.

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Carnaval en Barcelona (La Rúa), c 1930

Que Barcelona fue un hervidero de jazz en los años de preguerra da cuenta la larga lista de orquestas de swing y jazz que enumera  García Martínez en su libro Del fox-trot al jazz flamenco: el jazz en España 1916-1966. Según el autor, a esto contribuía la pujante burguesía, su situación bien conectada por mar y tierra con las vanguardias europeas, y el ser frecuentada por músicos y orquestas: «Barcelona, en fin, fue epicentro del seísmo hot que asoló la Península en los años treinta». Así, el swing pasó a formar parte del sedimento cultural barcelonés, hasta hoy en día.

Esta crónica de las fiestas mayores de Gràcia, de la revista Ritmo y Melodía de 1944, que bien pudiera referirse a fiestas más recientes que tienen lugar en este barrio, nos da una idea del ambiente swing de entonces, incluyendo algún tema favorito de Lindy Hoppers como Sweet Georgia Brown:

«ríos de gente se apretujan. Todos bailan. Los que deseaban, de primera intención, bailar, y los que deseaban sólo pasar pero han de bailar a la fuerza a causa de los empujones…Bonet y sus músicos, con la formidable interpretación de Sweet Georgia Brown dieron, quizás, la nota más alta de calidad musical de todos los festejos. El saxo tenor y el violín en las respectivas manos de Bonet y de Jaime Vila hicieron vibrar arrebatadamente la plaza entera, en un hermoso clamor.
Los conjuntos callejeros se han defendido como leones. Se llevó la palma por su vigor, su alma y su buen repertorio, la dominguera Savoy…Todo Gràcia, en estas noches inacabables, bulle y arde de una extraña sed, que no sería bastante ¡para apagar los innumerables barriles de cerveza de los innumerables bares gracienses…! Orquestas, churros, vocalistas, calor, grito, puntos de swing negro, planetas del destino, gritos de vendedores ambulantes, serpientes humanas de seis o siete jóvenes animados, farolillos rojos en medio de la oscuridad…:¡tutti frutti!». (citado en García Martínez)

Bailes y música

Desde el principio el baile y la música jazz crecieron de la mano, aunque salvo excepciones, se suele prestar menos atención a la historia del baile. Músicos, orquestas, las revistas musicales, los discos, la radio y el cine, todos jugaron un papel importante en esta moda del jazz, el swing, lo hot y lo negro, pero el baile fue clave en su popularidad. Según Faulín y García Martínez en los años 30 el swing de Ellington, Louis Armstrong, Jelly Roll Morton o Paul Whiteman se escuchaba en discos editados por La Voz de su Amo y en el nuevo medio de la radio. Las películas musicales americanas también contribuyeron a popularizar el claqué y otras danzas de jazz (entre ellos Fred Astaire, Shirley Temple, Bill Robinson y los Hermanos Marx estaban en cartelera en los años 30 y 40).

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imagen de la exposición El Ruido Alegre (1926)

Josephine Baker, que se convirtió en todo un icono de los años 20 en París, extendió la fiebre por su charlestón salvaje con su gira por España 1930, y hubo muchas bailarinas imitadoras. Tenemos la suerte de tener alguna grabación de Josephine Baker bailando su charlestón de energía inigualable:

Josephine Baker (La Revue 1927)

El bailarín y productor Harry Fleming, con su espectáculo Blue Birds y su cuerpo de baile Los boys del Savoy también fue particularmente influyente en España.  Julián Ruesga Bueno ha indagado un poco más en la historia de Harry Fleming e incluye una crónica del ABC de Sevilla del 20 de octubre de 1929 de su paso por la Expo Iberoamericana del 29:

«Anoche se presentó en Sevilla la agrupación de artistas negros que dirige el famoso bailarín Harry Flemming. La boga del arte negroide ha destacado a artistas muy notables, como el que anoche vimos en el Cervantes y como Luís Douglas, conocidos y aplaudidos en todos los teatros de Europa. Flemming es un bailarín extraordinario. Su agilidad y su sentido del ritmo y de la danza le han valido una gran reputación. Con él viene una compañía de revistas, compuesta de negros y blancos. De ella forman parte Little Esther, la pequeña negrita que se hizo popular en el cinematógrafo; Florence Miller, Elena Cooke y Ellington, los bailarines Quitty Morán y Sleet, el célebre cómico Bob Wolly y otros muchos artistas del baile y la canción. Representaron la revista ‘Hello-Jazz’, en la cual se ofrece una visión humorística y coreográfica de los barrios neoyorquinos y se reflejan costumbres pintorescas de Nueva York.»

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Harry Fleming band

Tenemos que hablar de Sam Wooding, uno de los nombres más importantes en la introducción del jazz y el swing auténticos en España, un músico de origen americano que tocó con su orquesta los Chocolate Kiddies en varias giras por Europa y España en 1926 y 1929 (en Madrid, Barcelona y San Sebastián entre otros sitios) a los que podemos escuchar en plena forma aquí:

Sam Wooding & His Chocolate Kiddies (Barcelona, 1929)

 

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Sam Wooding & his Chocolate Kiddies

Lo negro estaba de moda, lo cual no quiere decir que este «negrismo» no estuviera tintado de ciertos estereotipos y racismo, como podemos ver en este charlestón Madre cómprame un negro de 1929:

Madre cómprame un negro (La Goyita, 1929)

¿Y fuera de Barcelona también había swing?

En resumen sí, también fuera de las grandes urbes llegaba la influencia del jazz. Hay que apuntar, como nos indica Faulín Hidalgo, que en los primeros años se conocía como jazzband o jazz band a cualquier conjunto que incorporara percusión, que era una gran novedad, por lo que hay ser cautos cuando vemos las carteleras y el gran número de orquestas que se definen con el término jazz o jazzband. Estos conjuntos solían tocar una combinación de bailables, fox-trots, pasodobles, rumbas y temas románticos, que muchas veces tenían poco que ver con el jazz. El jazz, en sentido amplio, convivía en todo momento con otros estilos de gran popularidad como la copla, la zarzuela o la revista.

El jazz sonaba en Madrid, Valencia, San Sebastián, Sevilla y muchos más sitios. Por poner un ejemplo cercano, en su artículo Y Compostela se dejó seducir por el jazz Alberto Cancela Monte nos descubre la influencia de esta música en Santiago de Compostela y los principales locales donde sonaba. Nos cuenta que en los años 30: «También las fiestas del Apóstol cuentan con orquestas como la Orquesta Melody Jazz que destaca “en el trepidante sonar del jazz, el hot, el swing y todas esas degeneraciones de la música que el desviado gusto de la juventud moderna exige para bailes y reuniones.”».

En 1936 antes del comienzo de la guerra civil se vivía un auténtico apogeo del jazz en la península, con conciertos de grandes figuras como Django Rheinhardt o Benny Carter.

La Era del Swing y la guerra

La Era del Swing americana se suele fechar entre 1935 y 1945, al acabar la II Guerra Mundial, aproximadamente; aunque no se pueda considerar que existiera un fenómeno equivalente en España algunos autores sitúan la era del swing española de forma algo más tardía a lo largo de los años 40.

Naturalmente la guerra civil española (1936-1939) afectó el desarrollo del incipiente swing aquí. Existe la idea generalizada de que la guerra puso fin al swing en España, sin embargo, en su libro ¡¡Bienvenido Mr. USA!! Faulín Hidalgo nos muestra evidencia de que en realidad no fue así, y que durante la guerra los habitantes de las ciudades seguían buscando la evasión a través de la música y el baile. Se frenó eso sí la producción de discos, pero las orquestas seguían tocando en Barcelona y Madrid, y el swing estaba presente en la radio y en el cine, ya que al fin y al cabo el swing estaba de moda a nivel mundial.

Swing en la posguerra: de la prohibición a las niñas swing

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El swing y el jazz no encajaban bien con la ideología franquista y de Falange de posguerra, así como tampoco encajaba bien en la Alemania de la época, por su esencia libertaria que prima la improvisación, la expresión individual y creativa. Aparte del hecho de ser una música de origen afroamericano, el swing se rechazaba por ser norteamericano, un país que parece que causaba antipatía y fascinación a partes iguales en la nueva España de Franco. Carmen Martín Gaite en Usos amorosos de la posguerra española retrata magistralmente el ambiente y la ideología oficial de aquella época— con su rechazo por todo lo foráneo, moderno, burgués, y por supuesto americano —y la exaltación de lo propio, la austeridad, los roles tradicionales y la patria. En una cita de la época:

«Que no haya sobre la bendita tierra de España otras costumbres que no sean las nuestras. Y si esto es un feroz nacionalismo, pues mejor. Y si esto es un absurdo retrógrado, mucho mejor. No queremos el progreso, el romántico y liberal, capitalista y burgués, judío, protestante ateo y masón progreso yanqui. Preferimos el atraso de España, nuestro atraso.». (Usos amorosos de la posguerra española)

Este aislamiento y mirar hacia dentro toma forma en la prohibición, a partir de 1940 «del uso innovador y deformante de vocablos extranjeros en marcas, rótulos y escritos» , prohibición que incluye al «swing» ( Martín Gaite). La Delegación Nacional de Prensa, por ejemplo:

«cuidará que en ninguna de sus informaciones y críticas los periódicos empleen los vocablos ballet y swing, sustituyendo el primero por bailes o bailables y el segundo por otro equivalente en castellano» (¡¡Bienvenido Mr USA!! p314).

En términos más explícitos se rechaza la música y la danza jazz en esta circular de la Delegación de Prensa de 1943:

«Por esto se ve con fundada preocupación el desarrollo que puede alcanzar la llamada música negra… Lo que queremos desterrar es la ola de jazz arbitraria, antimusical y pudiéramos decir que inhumana con que América del Norte hace años que ha invadido Europa. Nada más alejado de nuestras viriles características raciales que esas melodías muertas, dulzonas, decadentes y monótonas…nada más lejos de nuestra dignidad espiritual que esas danzas dislocadas, desconcertadas en las que la nobleza humana de la actitud, la seleccionada corrección del gesto, desciende a un rídiculo y grotesco contorsionismo.» (¡¡Bienvenido Mr. USA!! p315).

Pero como defiende Faulín Hidalgo con vehemencia, esta línea oficial parece tener nulo efecto en las publicaciones, grabaciones y programas radiofónicos de la época que están repletas de swing, hot y jazz, y por supuesto, baile. Hay una gran diferencia entre la línea oficial y lo que realmente se escuchaba y estaba de moda. En las consignas de la época había poco de atractivo para los jóvenes, en palabras de Gaite, «Con música de himno quedaba bonito, pero ¿quién podía identificarse con aquello a la hora de la merienda?». El swing era lo que sonaba mundialmente y se colaba incluso en películas archifranquistas como Raza de 1941 (según Iván Iglesias); no hay más que ver la crónica de las fiestas de Gràcia del ’44 que citamos al principio para ver la popularidad del swing en aquel momento.

En algo tenían razón estas circulares, que la influencia cultural americana se extendía gracias a la música y el cine. Corría en la España de la época una corriente contraria a la línea imperante: estaban las chicas «topolino», o «niñas swing», y el equivalente masculino de los «pollos swing». Los zapatos topolino (en referencia a un tipo de calzado de plataforma de inspiración hollywoodiense), desentonaban con las normas de la época y eran característicos del fenómeno de chicas jóvenes, de la nueva burguesía,  que imitaban el estilo americano. A estas chicas también se les llamaba «niñas swing» aludiendo a la nueva danza que entró en los años cuarenta. En una época en que las opciones para las mujeres eran muy reducidas, estos aires de modernidad eran una rebelión. En palabras de Gaite «Aquellas chicas de cabeza de chorlito “desentonaban” en una sociedad que exhortaba a las mujeres a mantenerse en un segundo plano, a no hacer avances, a no llamar la atención por nada». La música, el baile y el cine americano ofrecían modelos de libertad mucho más atractivos para las niñas swing y los pollos swing (y precisamente por eso causaban tanto recelo en la sociedad de la época).

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Publicidad de zapatos estilo topolino de la época

Una de las cantantes populares entre los jóvenes de posguerra era Rina Celi, a la que podemos escuchar con el Quinteto Nocturnos en una grabación de 1942 de Un día de esos (Some of these days) tocando un poco de swing en versión española. Rina Celi, artista barcelonesa ha sido descrita como “la cantante hot por antonomasia”. El recopilatorio Històries del Jazz a Catalunya Vol 2 incluye muchos más temas swing de orquestas como la de Luis Rovira y otros de la época, y Faulín Hidalgo incluye una discografía de 51 temas de los años 40 en su libro, muy recomendable.

Rina Celi y Quinteto Nocturnos, 1942

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Pero, ¿se bailaba Lindy Hop?

Las niñas swing y los pollos swing escuchaban música de influencia americana, pero es difícil saber si lo que bailaban era algo parecido al Lindy Hop que conocemos hoy en día: ¿hacían swing-outs, tandem charleston y shorty george por ejemplo? ¿o bailaban balboa y shag? Hay poca evidencia visual de lo que se bailaba realmente en los años cuarenta en España y no conozco películas o material filmado como puede haber del Lindy Hop americano. Sí que está bastante documentado que se bailaba charlestón y el fox-trot, pero parece que el término Lindy Hop y jitterbug (nombre con el que se popularizó el lindy hop entre los jóvenes blancos americanos) no eran muy utilizados, aunque en este campo queda mucho por investigar. Incluyo algunas de las pocas referencias e imágenes que he encontrado del Lindy Hop concretamente en la España de los años 40 (por ahora), donde destaca indiscutiblemente el Salón Amaya en Barcelona.

«La música fue inseparable de los diversos bailes que se engloban dentro de ese estilo, y puede decirse que músicos y bailarines fueron sus creadores por igual. En España el baile que principalmente se identificó con el swing fue el lindy hop o jitterbug, una danza afronorteamericana que había nacido en 1927 en el Savoy Ballroom del Harlem neoyorquino y que había influido considerablemente a las big bands en la sistematización del nuevo estilo de jazz [a continuación pasa a describir de manera detallada el paso básico de lindy hop]» (Iván Iglesias).

Además, nos cuentan Iglesias y Faulín Hidalgo que proliferaron las academias de baile que incorporaban los nuevos bailes entre sus bailes de salón habituales, y que también se popularizaron las exhibiciones de swing por parte de bailarines profesionales o semi-profesionales.

Los Whitey’s Lindy Hoppers en su gira europea del año 1936-1937 estuvieron en Reino Unido, París, Suíza e incluso Dublín, pero no visitaron España (que ya estaba inmersa en la guerra civil). En España en cambio, sí que se estrenó la película de los hermanos Marx Un día en las carreras en 1940, por lo que el público español sí que podía conocer los Whitey’s Lindy Hoppers, máximos representantes del Lindy Hop a nivel mundial, por su famoso número en esa película.

Si en algún lugar se bailaba swing y alguna forma de Lindy Hop, era en Barcelona. El Salón Amaya en el Parallel fue local emblemático donde se celebraban concursos de baile en pareja de swing y bugui-bugui (al estilo de los concursos del Savoy) y donde se bailaba “tan bien como en el propio Harlem” según alguna reseña de la época (Iglesias). Se inauguró en 1943 y tuvo su máximo esplendor entre 1945-46. Allí bailaban los Gitanos del Swing: «se trata de bailarines tanto gitanos como algún payo que acuden allí y hacen disfrutar con sus gimnásticas exhibiciones. Es el momento del boogie, del jitterbug, el lindy hop, basados en danzas negras que aparece en la era del swing con demostraciones atléticas de gran nivel», según Faulín Hidalgo.  Los Gitanos del Swing llegaron a anunciarse en Madrid en 1948. Sus apodos eran el Sardineta, Patillas, Batista, Tau, Melenas, Coqui y Polla, se vestían con la estética swing y fueron el germen de los bailarines acrobáticos Los Locos del Rock and Roll en los cincuenta. Tenemos esta imagen del Amaya donde parecen estar bailando lindy hop o jitterbug, en su anuncio de concurso de bailes modernos: “hot” y “swing”.

salón amaya
Anuncio del Salón Amaya, 1945

El swing siguió siendo popular durante toda la década de los 40, y a partir de 1945 entra el bugui-bugui con fuerza, el último estilo de baile de la familia del swing, que se describe como un estilo de baile más salvaje y acrobático. En los 50 el jazz dejó de ser una música popular, bailable, para evolucionar en otras direcciones más minoritarias como el bebop y el hard bop; y los ritmos latinos cobraron más protagonismo en el baile social (hasta la llegada del rock ‘n roll y el twist). No será hasta principios del siglo XXI que este baile de ritmo infeccioso y actitud libre vuelva a bailarse en las pistas y calles de la península, una vez más, empezando por Barcelona (pero esa es otra historia).

Estoy segura de que quedan materiales por descubrir y espero que este post anime a rebuscar en áticos y archivos, memorias, recortes y películas…¿qué opináis? Quizá pronto podamos incluir alguna foto de nuestros abuelos bailando swing.

Saber más…

Bibliografía

Cancela Montes, Alberto, “…y  Compostela se dejó seducir por el jazz”, Novas Músicas: o jazz chega co século XX, descubrindoasnosasmusicas.blogspot.pt

Faulín Hidalgo, Ignacio, ¡¡Bienvenido Mr. USA!! La música norteamericana en España antes del rock and roll (1865-1955), Editorial Milenio, 2015.

García, Jorge, “El trazo del jazz en España“, El Ruido Alegre: Jazz en la BNE, Ministerio de Cultura, 2012 (pdf disponible online).

García Martínez, José María, Del fox-trot al jazz flamenco, Alianza Editorial, 1996.

Iglesias, Iván, “(Re)Construyendo la identidad musical española: el jazz y el discurso cultural del franquismo durante la segunda guerra mundial”, HAOL, Núm. 23 (Otoño, 2010), pp 119-13.

Martín Gaite, Carmen, Usos amorosos de la posguerra española, Anagrama, 1994.

Resga Bueno, Julián, “El primer jazz en Sevilla”(Harry Fleming),  Asociación Apolo y Baco, http://www.apoloybaco.com

Banda sonora

Madre cómprame un negro (La Goyita, 1929)

Sweet Georgia Brown (Coleman Hawkins, Benny Carter & Django Rheinhardt, Paris 1937)

Sam Wooding & His Chocolate Kiddies (Barcelona, 1929)

Rina Celi y Quinteto Nocturnos, 1942

Històries del Jazz a Catalunya Vol 2

 

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